Chapter 3 - La Palma Levantada

Elena levantó su mano libre, la palma extendida en el aire con los dedos rígidos.
La distancia entre ellos se fijó en dos metros infranqueables de aire frío y húmedo.
"No... No."
Las palabras de Elena no tuvieron gritos ni temblores, sonando secas como el chocar de dos piedras.
Julian se congeló en el sitio, la mano suspendida a mitad de camino entre el aire y el vestido dorado.
Sus dedos se contrajeron suavemente, cerrándose en un puño tenso que cayó a lo largo de su pierna.
Detrás de él, el motor del SUV negro se puso en marcha automáticamente, dejando escapar un ronroneo grave que vibró en las paredes de hormigón.
Desde el piso superior, los pasos pesados de un guardia de seguridad resonaron sobre las escaleras de metal.
TAP.
TAP.
Un niño pequeño, el hijo del conserje, bajó tres peldaños sujetando un plato de plástico verde con una galleta rota.
El niño miró a la mujer del vestido dorado, luego miró la caja de cartón que goteaba crema por una esquina.
"La crema dulce se daña cuando no hay fiesta," dijo el niño con voz clara y neutra.
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"Mi papá dijo que las velitas solas se apagan más rápido en los sitios oscuros."
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