Chapter 6 - El Reflejo

Amara se quedó de pie en el jardín, el ramo de flores todavía en sus brazos, ahora sintiendo el peso completo de una decisión que empezaba a revelarse como un error monumental.
Buscó entre la multitud dispersa, esperando encontrar todavía la figura familiar de Elías, pero el jardín ya se había vaciado considerablemente, la mayoría de las familias dirigiéndose hacia sus autos, hacia celebraciones planeadas en restaurantes o hogares.
Sacó su teléfono, marcando el número de Elías con dedos que temblaban apenas.
El teléfono sonó cuatro veces antes de ir directo al buzón de voz.
Amara colgó sin dejar mensaje, incapaz de encontrar las palabras correctas para expresar la complejidad de lo que sentía en ese momento.
Caminó hacia el auto de su madre, donde Yolanda esperaba apoyada contra la puerta, la expresión seria pero no acusatoria.
—¿Cómo te fue? —preguntó, aunque algo en su tono sugería que ya conocía parcialmente la respuesta.
—Se fue casi inmediatamente. Dijo que tenía prisa. Me pidió dinero para el estacionamiento.
Yolanda no respondió de inmediato, dejando que el silencio comunicara todo lo que las palabras directas hubieran resultado demasiado dolorosas de pronunciar.
—Cometí un error, mamá.
—¿Qué tipo de error?
—Le di el asiento equivocado a la persona equivocada.
Las lágrimas finalmente empezaron a caer, la contención que Amara había mantenido durante toda la interacción con Darnell finalmente rompiéndose ante la seguridad relativa de la presencia de su madre.
—Elías estuvo presente cada día de mi vida durante doce años —continuó Amara, la voz quebrada—. Y yo decidí que un hombre que apareció veinte minutos tarde, que se quejó del tráfico, que me pidió dinero para el estacionamiento, merecía más reconocimiento en un día tan importante.
—El corazón busca lo que le falta, Amara. Es natural querer la aprobación de un padre biológico, sin importar cuántas veces haya demostrado no merecerla completamente.
—Pero eso no excusa lo que hice. Herí a la única persona que realmente ha sido mi padre en todos los sentidos que importan.
Yolanda abrazó a su hija, sintiendo el peso de sus sollozos contra el pecho, un dolor que reconocía profundamente después de años observando la complicada dinámica entre Amara y las dos figuras paternas en su vida.
—¿Qué debo hacer? —preguntó Amara finalmente, apartándose lo suficiente para mirar a su madre directamente a los ojos.
—Encuéntralo. Habla con él. Dile exactamente lo que me acabas de decir a mí.
—¿Y si no quiere escucharme?
—Entonces al menos sabrá que reconociste tu error, aunque tome tiempo para que la herida sane completamente.
Amara asintió, secándose las lágrimas con el dorso de la mano, sintiendo una determinación nueva formándose a pesar del dolor evidente de la situación.
—¿Sabes a dónde pudo haber ido?
—Probablemente a casa. No es de los que van a esconderse en otro lugar cuando está herido. Prefiere procesar las cosas en la privacidad de su propio espacio.
Amara se despidió de su madre con un abrazo rápido, subiendo a su propio auto, las manos todavía temblando ligeramente mientras encendía el motor, decidida a encontrar a Elías antes de que la distancia entre ellos se volviera más difícil de cerrar con el paso del tiempo.
Mientras conducía, revivió mentalmente cada momento compartido con él a lo largo de los años: las noches de tareas escolares, las lecciones improvisadas sobre la vida, los sacrificios silenciosos que solo había llegado a comprender completamente en retrospectiva.
Pensó en cómo, en su búsqueda desesperada por la aprobación de un padre biológico ausente, había estado a punto de perder algo mucho más valioso: la relación genuina y constante con el hombre que, en cada sentido que realmente importaba, había sido su verdadero padre desde que tenía ocho años.
El sol empezaba a ponerse completamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados que recordaban, irónicamente, a los colores del ramo de flores que Elías había elegido con tanto cuidado esa misma mañana.
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Amara aceleró un poco más, decidida a llegar a casa antes de que la oscuridad completa cayera sobre la ciudad, antes de que las palabras que necesitaba decir se volvieran más difíciles de pronunciar con el paso de las horas.
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