Chapter 5 - La Furia en el Jardín

Thomas cruzó la distancia que lo separaba del anciano en dos zancadas violentas.
Agarró al hombre de cuero marrón por la solapa de la chaqueta.
El cuero viejo crujió bajo la presión de sus dedos rubios.
—¡Te he preguntado quién le ha dado el teléfono! —gritó Thomas.
Las gotas de lluvia saltaban de su barbilla al hablar.
El anciano no intentó defenderse.
Mantuvo las manos abiertas sobre las rodillas mojadas, mirando a Thomas desde abajo con una calma pesada.
—La niña tiene frío, Thomas —dijo el anciano.
La voz del hombre no se elevó ni un solo tono.
—Y tú llevas diez minutos mirando tu chubasquero limpio.
Thomas apretó más los puños, levantando al anciano un par de centímetros de la hierba.
El teléfono con tapa cayó sobre el barro, con la pantalla iluminada en un tono verde pálido.
Una voz masculina sonaba desde el altavoz diminuto, apagada por el sonido del agua al caer.
—¿Lily? ¿Dónde estás? Voy para allá...
Thomas pisó el teléfono con la suela de su zapato de cuero.
El plástico crujió, destruyendo la pantalla en un destello de luz blanca.
—Nadie de esa familia va a tocar a mi hija —masculló Thomas.
Lily se encogió sobre sí misma, cubriéndose la cabeza con los brazos.
Sus calcetines blancos estaban negros por la tierra.
—El tío Alex me regala caramelos de fresa —dijo la niña desde el suelo.
Miró a su padre con los ojos muy abiertos.
—Tú solo me regalas maletas rosas que no se cierran.
El silencio que siguió a la frase fue más pesado que el trueno que volvió a sonar sobre el tejado.
May you like
Thomas soltó la solapa del anciano.
El hombre de cuero volvió a posar las manos en la hierba sin prisa.