Chapter 6 - La Ley del Sueño

Una barrera de color rosa óxido se interpuso en el camino.
El niño había dado un paso rápido hacia adelante.
Levantó su brazo izquierdo con una velocidad sorprendente.
Su mano pequeña, abierta de par en par, chocó contra el antebrazo de Elena.
La detuvo en seco.
No usó fuerza física, usó la autoridad absoluta de su propia lógica.
Elena lo miró, parpadeando.
El niño giró el rostro.
Levantó su dedo índice nuevamente, colocándolo casi a la altura de la nariz de su madre.
Su ceño estaba fruncido, creando una minúscula arruga en su frente sin marcas.
"No."
El teléfono seguía vibrando furiosamente sobre la madera.
"Mamá duerme."
En la mente del niño, la ecuación era matemáticamente perfecta.
Si los ojos están cerrados y la manta está puesta, el mundo exterior deja de existir.
El trabajo, las llamadas, el ruido negro sobre la mesa no pueden atravesar la barrera de la manta.
La regla era inquebrantable.
Desde detrás del lente de la cámara, en algún lugar fuera de cuadro, el aire se agitó.
Una voz grave, masculina, rompió el silencio con una carcajada ahogada.
"El jefe otra vez."
Elena bajó el brazo.
Miró el dedo índice de su hijo.
Miró el teléfono que seguía sonando.
Y de repente, el sonido corporativo perdió todo su poder.
Elena echó la cabeza hacia atrás contra el cojín beige.
Una carcajada pura, fuerte e incontrolable brotó de su garganta.
El niño giró la cabeza hacia la cámara.
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Una sonrisa pícara, brillante y llena de dientes asomó en su rostro.
Había defendido la arquitectura del descanso, y había ganado.