Chapter 6 - La Llave del Castillo

La anciana se sostuvo del respaldo de su silla, la tez volviéndose del color de su chaqueta crema.
"¿De qué estás hablando, Arthur?" gritó con la voz rota. "¡Esta propiedad pertenece al fideicomiso familiar desde hace cuarenta años!"
El hombre del traje azul marino no se dignó a mirarla.
Sacó un pañuelo de seda blanca de su bolsillo superior y se limpió los dedos con parsimonia.
"El fideicomiso venció ayer a medianoche," respondió el hombre con absoluta frialdad. "Y la única heredera directa con firmas de traspaso ejecutadas es la hija de mi difunto socio."
Señaló con una leve inclinación de cabeza hacia la joven del vestido de lentejuelas.
El hombre del traje gris intentó ponerse de pie, pero uno de los escoltas del recién llegado le apoyó la mano pesada sobre el hombro, manteniéndolo clavado en la silla.
El niño en la esquina recogió su carrito de madera del suelo y miró a la anciana.
"Las casas no son de las abuelas que pegan," dijo el niño con su lógica infantil. "Las casas son de las personas que no tiran la comida."
La joven miró fijamente al hombre del traje gris, caminó hacia la mesa, tomó la carpeta verde y la cerró con un golpe seco.
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"Tienen diez minutos para sacar sus cosas," dijo la joven.
Giró sobre sus tacones y caminó hacia la piscina infinita, dejando atrás la mesa de nogal bajo el silencio helado del gran salón.