Chapter 3 - LA LLUVIA EN LA MADERA

El sollozo que siguió no fue un gemido contenido; fue un aire roto que escapó de su pecho.
El muñeco azul se aplastó contra sus mejillas rojas, absorbiendo las lágrimas calientes que caían sin freno.
A tres metros de allí, en el pasillo lateral asignado a la defensa, un eje de metal emitió un rechinido fino.
La rueda de una silla ortopédica de madera y hierro giró un cuarto de vuelta sobre las tablas.
El hombre sentado en ella vestía una chaqueta de lana gris con los codos gastados.
Tenía las manos apoyadas en los muslos inmóviles; los nudillos estaban blancos por la presión de sus dedos agarrotados.
No levantó la cabeza para mirar a su hija; clavó los ojos en las grietas del piso encerado.
La niña señaló con el hocico deshilachado del juguete hacia la rueda metálica.
"Él no quería hacer nada malo."
La explicación brotó con la lógica aplastante de quien solo entiende el hambre y las noches frías.
"Los panes de la tienda tenían luz encima, pero en mi plato estaba oscuro."
La jueza apoyó ambas palmas sobre el legajo de folios encuadernados que reposaba frente a ella.
El papel crujió bajo las líneas marcadas de su piel envejecida.
Una mota de polvo bailó en el rayo de sol que cruzaba entre el estrado y la niña.
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El silencio volvió a instalarse, más denso, cargado del peso de una ley que no sabe contar trozos de pan.
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