Chapter 1 - LA TRAYECTORIA DEL CRISTAL

In a dimly lit, modern living room, a pregnant Caucasian woman with long brown hair, wearing a beige silk nightgown and matching robe, is captured mid-fall towards the floor.
Her face is contorted in terror and shock.
To the right, a tall, dark-haired man in a black button-up shirt stands over her, his face partially visible in profile, looking down with an intense, aggressive expression.
The background features a soft-focus view of a contemporary apartment interior with large windows and warm, ambient lighting from a floor lamp.
The camera is positioned at a low angle, capturing the sudden, chaotic movement with a shallow depth of field.
El chasquido del impacto retumbó con la sequedad de una rama partiéndose bajo una bota pesada.
El aire fue expulsado de los pulmones de la mujer en una bocanada caliente, áspera, que le empañó las pestañas.
La trayectoria de su cuerpo no buscó proteger la caída de los hombros ni la rigidez de los codos.
Sus dos antebrazos se curvaron en un nudo ciego alrededor del abultamiento tenso de su vientre de siete meses.
La tela de satén beis se desgarró contra la junta del parqué barnizado al tocar el suelo.
Un estremecimiento sordo subió por la cadera de la mujer, vibrando en la base de su columna con un zumbido oscuro.
La falda de la bata se abrió como un abanico descosido, dejando expuesta la piel blanca erizada por la corriente del ventanal.
Los botones de concha del camisón tintinearon sobre la madera antes de quedar completamente inmóviles.
El hombre permaneció erguido frente a ella, plantado sobre unos mocasines de cuero italiano que no cedieron ni un milímetro.
La tela negra de su camisa estaba tirante en la espalda, hinchada por una respiración que sonaba a fuelle recalentado.
Las venas de su cuello dibujaban cordones gruesos que palpitaban al ritmo acelerado de sus sienes.
El brazo ejecutor colgaba todavía en el aire, con los nudillos blanquecinos y los dedos agarrotados en un arco rígido.
Unos pasos descalzos rompieron la densidad del aire desde el fondo del pasillo en penumbra.
Eran suelas pequeñas patinando sobre el barniz con un chillido húmedo y desesperado.
Claire, de apenas seis años, resbaló sobre sus propias rodillas hasta frenar contra el costado de su madre.
El algodón blanco de su camiseta infantil se pegó de inmediato a la seda manchada de sudor frío.
Los ojos oscuros del agresor cayeron sobre la cabeza de la pequeña, afilándose como la punta de una tijera abierta.
"¡Mira lo que has hecho!"
El bramido vibró en la madera de los muebles sin necesidad de elevarse a un grito histérico.
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La niña hundió los dedos en el dobladillo rasgado de la bata materna, sin atreverse a parpadear frente a los zapatos oscuros.
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