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Chapter 1 - EL ABISMO DE LA CAMA

In a brightly lit hospital room, a middle-aged woman with styled strawberry-blonde hair, wearing a green satin long-sleeve blouse and dark grey trousers, is captured mid-action violently pulling a young girl in a patterned hospital gown off a hospital bed.

The girl is falling backward toward the floor, clutching a brown teddy bear.

In the background, a medical monitor displays vital signs next to an American flag on a flagpole.

The camera is positioned at a medium-low angle, capturing the sudden, tense movement with a slight motion blur.

Las uñas de Eleanor se cerraron con fuerza sobre el frágil hombro de la pequeña, apretando la tela del camisón como si intentara arrancar algo más que una simple prenda.

El cuerpo de la niña se desprendió del colchón con la ligereza de una hoja seca azotada por el viento de otoño.

La gravedad hizo el resto en una fracción de segundo, arrojando el pequeño torso hacia las baldosas frías y pulidas de la habitación clínica.

El oso de peluche marrón, con una oreja descocida y deshilachada, voló por los aires antes de ser estrujado con desesperación contra un pecho que apenas respiraba.

Las rodillas de la niña chocaron contra el suelo con un sonido seco, un crujido sordo que se perdió bajo el pitido monótono de los aparatos médicos.

El tubo de oxígeno, transparente y flexible, tiró de su nariz con violencia, provocando una punzada aguda que le hizo fruncir el ceño.

Eleanor dio dos pasos hacia atrás, sacudiéndose las palmas de las manos con un gesto de repugnancia contenida, como si hubiera tocado algo suelto y fangoso.

Su blusa de satén verde reflejó la luz blanca y cortante de los tubos fluorescentes del techo.

No hubo un solo parpadeo de arrepentimiento en sus ojos, solo la fría fijeza de quien aparta un mueble estorboso del camino.

La niña se encogió sobre sí misma, buscando desesperadamente un rincón donde la sombra fuera más espesa.

El monitor cardíaco en la esquina aceleró su ritmo, emitiendo pequeños destellos verdes que recortaban la silueta temblorosa de la pequeña contra la pared.

Las lágrimas brotaron calientes, recorriendo las mejillas pálidas y sucias de sudor frío.

La mano pequeña de la niña se aferró al brazo de peluche del oso, clavando los dedos en el relleno viejo hasta que los nudillos se tornaron translúcidos.

"¡Para, me estás haciendo daño!"

El grito salió desgarrado de su garganta, pequeño y frágil como un cristal a punto de estallar.

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Eleanor se cruzó de brazos, ajustando los anillos dorados en sus dedos con un movimiento altanero.

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