Chapter 6 - El padre de Brittany

La noticia llegó a Richard Vance cuarenta minutos después, a través de una llamada de su asistente personal, con una voz tan alterada que al principio Richard pensó que se trataba de algún desastre bursátil, algún colapso en las acciones de su empresa.
No era eso.
Era peor, en cierto modo, porque los desastres bursátiles se arreglaban con dinero, y esto, sospechaba, no.
—Está circulando un video —dijo su asistente—. De Brittany. En un resort de la cadena Cross Hospitality.
—¿Qué tipo de video?
Su asistente tardó un segundo en contestar, buscando las palabras correctas.
—Un video donde su hija ataca físicamente a una mujer mayor. Arrastrándola con una cadena por el vestíbulo.
Richard sintió que el estómago se le apretaba.
—¿Está herida la mujer?
—Según los primeros reportes, no de gravedad. Pero, señor, hay algo más que necesita saber.
—Dígamelo.
—La mujer era Evelyn Cross. La fundadora de la cadena.
El silencio que siguió duró varios segundos, tiempo suficiente para que Richard Vance, un hombre acostumbrado a controlar cada variable de su vida empresarial con precisión quirúrgica, sintiera por primera vez en años algo parecido al pánico genuino.
—¿Está seguro?
—Completamente, señor. Hay múltiples videos ya circulando. La reacción está siendo... intensa.
Richard colgó el teléfono y se quedó mirando la pared de su oficina durante un largo rato, procesando las implicaciones de lo que acababa de escuchar.
Conocía a Evelyn Cross, aunque solo de nombre, de reputación, de los círculos empresariales donde ambos, sin cruzarse directamente demasiadas veces, habían construido imperios paralelos en industrias distintas.
Sabía que era una mujer implacable en los negocios.
Sabía, también, por rumores que circulaban entre otros ejecutivos, que su historia personal incluía años de trabajo manual antes de fundar su primera propiedad, una historia que ella nunca ocultaba, pero tampoco explotaba innecesariamente, guardándola más bien como un ancla privada de por qué hacía las cosas de la forma en que las hacía.
Una mujer así no iba a dejar pasar lo que su hija acababa de hacer.
Richard tomó su teléfono de nuevo y marcó un número que raramente usaba, reservado para emergencias que ningún dinero podía resolver de forma sencilla.
—Necesito un vuelo al resort Cross en la costa. Ahora mismo.
Mientras esperaba, se permitió, por primera vez en mucho tiempo, pensar en su hija no como la heredera perfecta de su imperio, la joven que aparecía en las páginas de sociedad con el vestido correcto y la sonrisa correcta, sino como alguien que, en algún punto de su crianza privilegiada, había aprendido que el respeto hacia otras personas era opcional, dependiente de su apariencia, de su ropa, de su posición aparente en la escala social.
No sabía exactamente en qué momento había pasado eso.
Pero sospechaba, con una honestidad incómoda que rara vez se permitía, que él mismo tenía buena parte de responsabilidad en ello.
Cuántas veces había visto a Brittany hablarle mal a un mesero, a un chofer, a un asistente, y había elegido no decir nada, prefiriendo la paz doméstica antes que la incomodidad de una corrección necesaria.
Cuántas veces había reído, sin pensarlo demasiado, algún comentario despectivo de su hija hacia alguien "menos importante", sin detenerse a considerar el mensaje silencioso que eso le enviaba.
El teléfono volvió a sonar. Su asistente, otra vez.
—Señor, el equipo legal está preparando una declaración.
—Cancele eso.
—¿Señor?
—No vamos a emitir ninguna declaración todavía. Primero voy a hablar con Evelyn Cross directamente. Cara a cara.
—Señor, con todo respeto, eso podría no ser lo más recomendable legalmente—
—No me importa lo que sea recomendable legalmente en este momento —interrumpió Richard, con una firmeza que sorprendió incluso a su propio asistente—. Mi hija hizo algo terrible. Necesito verlo con mis propios ojos, y necesito hablar con la mujer que lo sufrió, antes de que ningún abogado empiece a construir estrategias de defensa.
Colgó el teléfono y se quedó de pie junto a la ventana de su oficina, mirando hacia el horizonte de la ciudad, pensando en su hija, en el resort iluminado de rojo que había visto en las primeras imágenes del video, y en la posibilidad, todavía incierta, de que esta crisis se convirtiera en algo más que una simple crisis de relaciones públicas.
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Quizás, pensó, con una claridad que llevaba años evitando, esta era la primera vez que alguien iba a hacerle entender a Brittany una lección que él mismo nunca había tenido el coraje de enseñarle.
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