Chapter 3 - LA ARQUITECTURA DE LA CRUELDAD

Diana se mantenía erguida, con la espalda recta y la dignidad intacta de una jueza que ejecuta una sentencia inapelable.
Su mano nudosa aferraba el extremo de la cadena con una naturalidad pasmosa, como si sostuviera la correa de un mastín en el porche.
Su cabello gris, perfectamente recogido en un moño estricto, no mostraba un solo mechón fuera de su sitio.
A su lado, un hombre de mediana edad observaba la escena con las manos cruzadas a la espalda, con el rostro tallado en la más absoluta indiferencia.
Sus ojos miraban al niño del mismo modo que un contable revisa un balance de pérdidas y ganancias en una hoja de cálculo.
Ninguno de los dos ancianos parpadeó ante la presencia repentina de Emily en el fondo de la cocina.
La furia estalló en el pecho de la madre con la fuerza de una caldera a punto de reventar las costuras de hierro.
Un grito desgarrado, primitivo y feroz, saltó de su boca antes de que su cerebro pudiera procesar el movimiento de sus propias piernas.
"¡Quítale esa cadena de encima ahora mismo!"
Emily se precipitó hacia delante, cruzando la cocina como una exhalación impulsada por pura adrenalina ciega.
Sus manos se lanzaron directas hacia el cuello de su hijo, tratando de interponerse entre el metal frío y la piel irritada.
Los dedos de la madre buscaron desesperadamente el pestillo del collar, arañando la superficie de hierro con uñas desesperadas.
El hombre dio un paso al frente, interponiendo su cuerpo robusto entre la madre furiosa y la anciana que sostenía la cadena.
Sus manos se cerraron firmemente sobre los hombros de Emily, obligándola a detener su avance con un empuje seco.
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Emily, detente. Diana solo lo estaba disciplinando.
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