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LA REGLA DE MADERA / Chapter 10 / 10

Chapter 10 - Lo que queda cuando el brazo ya no duele

Tres semanas después, Noah está en un nuevo salón, con un nuevo maestro — el señor Reyes, un hombre joven que usa suéteres de colores y que, en la primera semana de clases, dejó algo muy claro frente a todos los estudiantes.

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—En este salón, si algo les duele, si algo les asusta, si algo no está bien, ustedes me lo dicen.

Yo los voy a escuchar. Siempre.

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Noah, sentado en la segunda fila, había mirado a Ethan de reojo al escuchar esas palabras — ambos ahora en el mismo salón, después de que sus padres pidieran, juntos, un cambio de grupo para los dos.

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La marca en el brazo de Noah ya desapareció hace tiempo.

Solo queda, a veces, un recuerdo que aparece cuando ve una regla de madera en algún salón, un instante corto de tensión que pasa rápido, cada vez más rápido con el paso de las semanas.

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La señora Dalton no volvió a la escuela.

La investigación, según lo que Claire y Marcus supieron después, encontró suficiente evidencia en las otras dos denuncias archivadas para que la decisión final fuera definitiva: no volvería a dar clases en ningún salón de esa ciudad.

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Una tarde, después de clases, Noah llega a casa y encuentra a sus padres en la cocina, preparando la cena juntos, algo que se ha vuelto más frecuente desde aquella mañana del incidente.

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—¿Cómo estuvo tu día? —pregunta Claire, sin apartar la vista de la olla que está revolviendo.

—Bien. El señor Reyes nos dejó elegir nuestro propio proyecto de ciencias.

—¿Y qué elegiste?

—Todavía no sé. Ethan quiere hacer algo sobre volcanes.

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Marcus, cortando verduras en la encimera, sonríe sin decir nada, escuchando la conversación con esa atención especial que ha empezado a poner en cada pequeño detalle del día de su hijo desde hace tres semanas.

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—Papá.

—¿Sí?

—Gracias por venir tan rápido ese día.

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Marcus deja el cuchillo sobre la tabla y se acerca a su hijo, agachándose un poco para quedar a su altura.

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—Siempre voy a venir rápido, Noah. No importa qué tan lejos estemos ni qué tan ocupados estemos con otra cosa.

Si algo te pasa, nosotros vamos a llegar.

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—Lo sé. Ahora lo sé de verdad.

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Claire apaga la estufa un momento y se une al abrazo que Marcus ya empezó, envolviendo a Noah entre los dos, en medio de la cocina, con el olor de la cena a medio hacer todavía flotando en el aire.

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—Te quiero, mamá. Te quiero, papá.

—Nosotros te queremos más, campeón.

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Esa noche, antes de dormir, Noah escribe en su cuaderno de matemáticas — el mismo cuaderno, todavía con la palabra "Aguanta" escrita en la última página, que decidió no borrar nunca — una nueva frase, más pequeña, justo debajo de la de Ethan.

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"Gracias por creerme."

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No sabe muy bien para quién es la nota.

Tal vez para sus padres.

Tal vez para Ethan.

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Tal vez, simplemente, para sí mismo, para el niño de once años que esa mañana en el salón tuvo miedo de que nadie le creyera, y que ahora, tres semanas después, sabe con total certeza que siempre, siempre, habrá alguien dispuesto a escucharlo primero antes de dudar de él.

FIN

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