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Chapter 2 - Papel Arrugado

El interior del bolsillo de su pantalón estaba húmedo.

Sus dedos rasparon el fondo buscando algo sólido.

La textura de cartón rugoso rozó la yema de su pulgar.

Lo sacó lentamente.

Era un cuadrado de papel brillante.

Los bordes estaban desgastados, blancos, doblados tantas veces que la imagen amenazaba con partirse en dos.

La luz que se colaba por la cerradura cortaba la oscuridad en una línea delgada.

El niño movió la fotografía hacia esa franja de luz dorada.

Sus ojos, enrojecidos y brillantes, se fijaron en las dos figuras impresas.

Un hombre joven.

Una mujer sonriente.

Ella tenía el mismo color de pelo que el niño.

La yema de su dedo índice trazó el rostro de la mujer en el papel.

Presionó la uña sobre una mancha invisible.

Si frotaba lo suficiente, ¿ella saldría de la foto?

El papel crujió bajo su agarre.

Estaba apretando demasiado.

Un sollozo escapó de su pecho.

Un sonido agudo, pequeño, como el de un pájaro al chocar contra un cristal.

El niño pegó la fotografía contra su camisa blanca.

Justo sobre las costillas.

Donde los latidos golpeaban más fuerte.

El cartón se calentó contra su piel.

Al otro lado de la puerta, la música de violines seguía sonando.

Copas chocando.

Risas huecas.

Él cerró los ojos.

La oscuridad de sus párpados era del mismo color que los abrigos que lo rodeaban.

¿Por qué los abrigos no tenían frío?

¿Por qué ellos podían quedarse aquí sin llorar?

El niño se agachó.

Sus rodillas tocaron el suelo polvoriento.

El pantalón oscuro recogió la pelusa del pasillo.

Se hizo un ovillo.

La mano izquierda apretando el papel contra su pecho.

La derecha sujetando el borde de su propia camisa, anclándose.

Esperando.

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Porque mamá dijo que esperar era lo único que no costaba dinero.

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