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Chapter 4 - Cristales y Orquídeas

El niño fue alzado en brazos de vuelta a la luz.

El salón de banquetes estaba congelado.

Cientos de ojos fijos en el esmoquin gris y la camisa blanca arrugada.

El hombre caminó.

Sus pasos no esquivaban nada.

Iba en línea recta hacia el centro de la sala.

La mujer del vestido plateado estaba de pie junto a la mesa principal.

Su copa de champán se detuvo a medio camino de sus labios rojos.

El niño apretó el papel contra el cuello del hombre.

Su voz salió diminuta.

Rasposa por el llanto.

Pero cortó el silencio del salón con la precisión de un bisturí.

—*Mi madre me dijo que te buscara.*

El hombre se detuvo.

Los músculos de su mandíbula se apretaron tanto que la piel se blanqueó.

Bajó la vista hacia el pequeño puño que se asomaba por su hombro.

La fotografía gastada asomaba entre los dedos del niño.

El hombre no miró la foto.

No la necesitaba.

Levantó la vista.

Sus ojos se clavaron en la mujer del vestido plateado.

Ella abrió la boca, pero ningún sonido salió de su garganta.

El brazo libre del hombre se movió.

Rápido.

Imparable.

Su mano golpeó el inmenso centro de mesa de porcelana y orquídeas blancas.

El impacto fue brutal.

El jarrón salió despedido por los aires.

Agua, flores y porcelana volaron por el salón.

El choque contra el suelo de mármol fue ensordecedor.

Miles de fragmentos de cristal llovieron sobre los zapatos de los invitados.

Un grito agudo rasgó el aire.

La mujer del vestido plateado se echó hacia atrás, cubriéndose el rostro con las manos.

Las orquídeas blancas yacían aplastadas en charcos de agua esparcidos por el mármol.

El niño no se tapó los oídos.

Si el jarrón se rompía, el ruido ya no estaba dentro de su cabeza.

El hombre apretó al niño más fuerte contra su pecho.

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Un puerto seguro en medio de la tormenta de cristales.

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