Chapter 4 - La Lógica del Trapo

La niña no se movió de su posición en el suelo.
Siguió con las rodillas pegadas al pecho, bajo la sombra de la cazadora vaquera.
Miró las botas de Marc.
Eran viejas, con la punta de goma desgastada y un cordón sustituido por un trozo de alambre verde.
—Papá —dijo la niña sin levantar la barbilla—. Tu zapato está feo.
Marc se arrastró dos pasos sobre las rodillas.
El tejido de su pantalón rasgó el aire con un siseo.
Extendió sus manos enormes hacia la cabeza de la pequeña.
Dudó un segundo antes de tocarla, temiendo que la presión de sus dedos agravara la herida.
—Camille —susurró él.
Le apartó un mechón de pelo rubio de la frente.
La sangre seca se le pegó al yema del pulgar.
—No me duele el papel —dijo Camille, mirando fijamente la revista caída—. Me duele el suelo porque no me dejó coger las galletas.
La niña levantó el unicornio descosido y se lo mostró a su padre.
—Él tampoco comió.
Chantal intentó incorporarse desde el suelo.
Apoyó el codo derecho sobre el mármol, pero el hombro le tembló y volvió a caer un par de centímetros.
El broche metálico de su chaqueta de cuero golpeó la piedra con un sonido seco.
—Es una mentirosa —dijo Chantal, respirando con dificultad—. Tiró la leche a propósito.
Camille miró a la mujer en el suelo sin parpadear.
—La leche estaba agria —dijo la niña con voz plana—. Olía como el perfume que te pones cuando no viene papá.
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El silencio que siguió a esas palabras vació la sala.
Solo el rumor del tráfico exterior cruzaba los cristales de la entrada.