Chapter 4 - EL ABRAZO DE SEDA

El padre pasó sus antebrazos por debajo de los muslos del niño y lo levantó en vilo con un solo movimiento.
El peso era ridículamente escaso; las piernas del pequeño colgaban sin fuerza, golpeando las rodillas del hombre.
Al salir del vano del armario, la amplitud del pasillo principal los recibió con el resplandor helado de las ventanas altas.
El suelo de baldosas reflejaba las figuras como un lago de mercurio donde nada podía esconderse por mucho tiempo.
Antes de que el hombre pudiera dar cuatro pasos hacia la escalera de caracol, un perfume denso a rosas marchitas los envolvió.
La mujer corrió los pocos metros que la separaban de ellos y envolvió a ambos con sus brazos delgados.
La tela de satén rosa crujió contra la camisa blanca empapada del padre, forzando una estampa de postal familiar perfecta.
Ella apoyó su mejilla cuidadosamente maquillada contra el hombro del niño, fingiendo un sollozo contenido.
"Gracias a Dios, mi amor, casi me muero cuando vi que la puerta se había trabado por dentro", gimió ella contra el cuello del pequeño.
El cuerpo del niño se puso tan rígido que parecía tallado en escayola.
Sus dedos, pequeños y sucios, no devolvieron el contacto de la seda; se clavaron con fuerza desesperada en el cuello de la camisa de su padre.
La uña del pulgar del hombre sintió la tensión de los músculos infantiles contrayéndose como un resorte a punto de saltar.
El silencio que siguió al teatro de la mujer pesaba más que las toneladas de roble y cristal de la mansión.
El padre acarició la espalda rígida de su hijo con una lentitud mecánica, mirando fijamente la pared del fondo sin pestañear.
May you like
Había algo en la rigidez de ese cuerpo diminuto que desmentía cada palabra melosa pronunciada al oído.
---