Chapter 6 - LA CERTEZA DEL AIRE FRÍO

El eco de los tacones rosas cesó al final del pasillo largo.
La mujer se detuvo justo antes de cruzar el arco hacia la cocina de servicio, apoyando una mano enjoyada en el marco.
Se giró lentamente, con una sonrisa ensayada que no logró encubrir el brillo rapaz en el fondo de su mirada verde.
"¿Vienen, mis amores?", llamó ella con una voz que imitaba la dulzura de un caramelo envenenado.
El hombre no contestó.
Sus dedos, todavía aferrados a los muslos del niño, se cerraron con una fuerza inconsciente que le marcó la piel pálida.
Sintió el peso del pequeño en sus brazos, pero por primera vez en seis meses, no sintió el vacío de la ausencia.
Sintió la presencia concreta de una mentira construida con madera cara, joyas doradas y vestidos de noche.
El niño escondió de nuevo la cara en el hueco de su hombro, cerrando los ojos para no ver la figura rosa que aguardaba bajo el arco.
"Está en el cuarto del fondo donde no hay luz, papá", murmuró el pequeño una última vez, con los labios casi inmóviles.
"Huele como el armario, pero mamá no puede empujar la puerta porque le ataron las manos con cinta negra".
La temperatura del pasillo pareció desplomarse hasta rozar el punto de congelación en un solo segundo.
Julián miró los azulejos brillantes bajo sus pies descalzos y luego clavó la vista en la mujer que esperaba al final del corredor.
Ya no había luto en sus pupilas dilatadas.
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Había un cálculo geométrico, frío y letal, midiendo los metros exactos que lo separaban del teléfono de la entrada y de la puerta del altillo.
Ajustó el cuerpo de su hijo contra su pecho, dio un paso al frente y no parpadeó.