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Chapter 3 - El Ojo Rojo en el Rincón

El pecho de Mateo subía y bajaba con una violencia rítmica, el aire silbando a través de sus dientes apretados.

Apretó a Sofía un poco más contra su esternón, sintiendo el tambor acelerado del corazón de su hija contra sus costillas.

Desplazó el peso de su cuerpo hacia la izquierda, bloqueando por completo la línea de visión entre la mujer y la niña.

Sus ojos oscuros recorrieron el perímetro de la cocina, pasando de los estantes de cristal a las lámparas colgantes de latón.

Se detuvieron en la esquina superior, justo donde el techo se encontraba con la moldura de madera oscura.

Una pequeña esfera de plástico negro, del tamaño de una nuez, se aferraba al ángulo de la pared.

Un punto diminuto, rojo como una brasa en la oscuridad, parpadeaba con una regularidad implacable.

Pum. Pum. Pum.

El parpadeo era un latido mecánico que registraba cada molécula de aire consumida en la estancia.

La mandíbula de Mateo se tensó hasta marcarse con fuerza en la línea de la barbilla.

Sus ojos volvieron a descender hacia el rostro de Irene.

La mujer seguía apoyada contra la isla de mármol, con los brazos cruzados sobre su blusa de seda color crema, los labios ligeramente separados en una mueca de ofensa y miedo simulado.

Mateo dio un paso al frente.

El sonido de su suela de cuero contra la piedra resonó como un disparo sordo.

Inclinó ligeramente la cabeza, buscando el ángulo exacto del lente que los observaba desde las alturas.

Su rostro se endureció hasta convertirse en una máscara de obsidiana.

Susurró las palabras hacia el suelo, asegurándose de que el micrófono ambiental del dispositivo capturara cada consonante afilada.

"Qué pena por ti."

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El tono no contenía una advertencia común; era la lectura de una sentencia de ejecución firmada antes del juicio.

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