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Chapter 4 - La Geografía del Miedo Ajeno

Irene no retrocedió.

Se encogió un centímetro, simulando el temblor de una hoja azotada por la tormenta, pero su columna se mantuvo firme contra la piedra fría de la encimera.

Las lágrimas, auténticas esta vez por el esfuerzo de la actuación, rodaron con lentitud por sus mejillas empolvadas, trazando líneas oscuras de rímel que caían hacia su barbilla.

Abrió los labios en una exhalación temblorosa.

Intentó articular una defensa, un balbuceo sobre el estrés, sobre el desorden, sobre la insolencia de la criatura que ensucia los pasillos con su presencia.

La voz de Mateo la cortó en el aire, afilada como un cuchillo de cerámica.

"¿Por qué siempre tratas a mi hija como a un animal?"

La pregunta no esperaba respuesta.

Era un ladrido sordo que hizo que Sofía enterrara aún más la cara en el cuello de su padre, buscando la oscuridad segura de su pulso.

"Papi, tengo miedo,"

murmuró la niña.

Su voz era apenas un hilo de algodón deshilachado que se desvanecía antes de tocar el suelo.

"Tengo miedo de la cocina."

Mateo bajó la mirada un instante, rozando con los labios la coronilla de su hija, donde las horquillas caídas colgaban como alfileres oxidados en un cojín viejo.

Su mano grande y firme recorrió la espalda de la niña en círculos lentos, un metrónomo de protección que contrastaba con la tensión de sus músculos.

Volvió a levantar el mentón hacia Irene.

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El parpadeo rojo de la pequeña cámara en la esquina seguía marcando el pulso del tiempo, grabando cada centímetro de su arrogancia desmoronada.

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