Chapter 2 - El Dedo Índice

El eco de la voz infantil chocó contra las paredes de roble.
La bandera de cincuenta estrellas, detrás del estrado, pareció ondear sin viento.
El hombre del traje gris estaba sentado en la mesa de la defensa.
Sus muñecas estaban ocultas bajo la mesa, pero el temblor de sus hombros lo delataba.
Levantó la vista.
Un surco profundo dividía su frente.
Sus ojos, enrojecidos, se clavaron en la pequeña figura de vestido rosa.
La nuez de su garganta subió y bajó.
Tragó aire, pero parecía tragar arena.
A su izquierda, la mujer del traje sastre negro se tensó.
Su postura era perfecta.
El cabello oscuro, recogido en un moño tirante que estiraba la piel de sus sienes.
El bolígrafo de plata que sostenía entre el índice y el pulgar dejó de girar.
La mujer miró a la niña.
La comisura de sus labios carmesí tembló apenas un milímetro.
La niña no miraba a su padre.
Tampoco miraba al jurado.
Sus ojos, inyectados en sangre, estaban fijos en el traje negro de la mujer.
La niña levantó el brazo derecho.
Rígido.
Como una lanza diminuta.
Su dedo índice apuntó directamente al rostro perfectamente maquillado.
El aire en la sala se volvió espeso.
Olía a cera de suelo y a sudor frío.
—¡Ella miente!
La voz de la niña no tembló.
No había duda en esas dos sílabas.
El hombre del traje gris cerró los ojos.
Dejó caer la cabeza hacia el pecho.
Las murmuraciones estallaron en los bancos de madera.
Un zumbido de avispas asustadas.
El dedo de la niña seguía en el aire.
Inamovible.
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Un ancla que sostenía toda la sala.
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