Chapter 3 - Pánico en Tela Oscura

El bolígrafo de plata cayó sobre los documentos legales.
El tintineo metálico fue agudo.
La mujer del traje negro apoyó ambas palmas sobre la mesa de caoba.
Sus nudillos se pusieron blancos al instante.
Empujó la silla hacia atrás con violencia.
Las patas de madera chirriaron contra el mármol verde, dejando una marca blanca.
Se puso de pie de un salto.
Su pecho subía y bajaba, rompiendo la geometría perfecta de su saco.
El rojo de sus labios parecía ahora una herida abierta.
Levantó su propia mano.
Un brazo largo, envuelto en tela cara.
Su dedo acusador temblaba ligeramente al apuntar hacia la puerta.
El pánico se filtraba por las grietas de su autoridad.
—¡Sáquenla de aquí!
El grito fue agudo.
Estridente.
Rasgó el barniz de elegancia que la cubría.
Los dos policías en la puerta salieron del trance.
Las suelas de goma volvieron a chirriar.
Dieron un paso pesado hacia el interior de la sala.
La niña no retrocedió.
Sus pies descalzos se aferraron al mármol frío como si echaran raíces.
Bajó el brazo derecho.
Las lágrimas volvieron a brotar, pero no había miedo en su rostro.
Solo había una certeza infantil, cruda y aplastante.
Mamá decía que los monstruos vivían debajo de la cama.
Pero la niña ahora sabía que los monstruos se sentaban en sillas de cuero.
Llevaban trajes limpios y usaban perfume caro.
Los policías estaban a tres metros.
Dos metros.
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Las manos grandes y ásperas se extendieron hacia sus pequeños hombros.
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