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Chapter 5 - La Revelación del Niño

Elena dio un paso atrás, alejándose de la mesa de comer.

Volvió hacia el centro del salón, donde Leo permanecía acostado en el suelo.

Se agachó de nuevo, esta vez con más lentitud.

Pasó sus brazos por debajo de los muslos y la espalda del niño, levantándolo en brazos.

Leo era pesado para su edad, pero Elena no dio ningún signo de esfuerzo.

El niño acomodó su cabeza en el cuello de su madre, manchándole la piel con la salsa negra.

Apretó su cara contra la tela del abrigo.

—Nadie vuelve a tocarlo —dijo Elena, mirando fijamente a Victoria y luego a Mateo, que luchaba por sentarse en el borde de la mesa.

Mateo se limpió la frente con la manga manchada de vino.

—Él no quería comer —protestó Mateo, con la voz débil—. Mi madre solo intentaba que probara la cena.

El niño se despegó un centímetro del cuello de Elena.

Sus ojitos negros miraron a Mateo con la frialdad que solo los niños pequeños pueden proyectar cuando dicen la verdad.

—Papá me dijo que me escondiera —dijo Leo.

La voz del niño fue clara, resonando en el espacio vacío del ático.

Elena se congeló.

Sostuvo al niño con más firmeza.

—¿Qué dijiste, Leo? —preguntó Elena suavemente, manteniendo los ojos clavados en su exmarido.

—Papá me dijo que me escondiera debajo de la mesa cuando llegara la abuela —repitió el niño con inocencia—. Dijo que si no hacía ruido, me daría el coche rojo.

Leo levantó su mano pequeña y mostró la perla que había recogido del suelo.

—Pero la abuela me vio. Me tiró de la sudadera para sacarme y la pasta se cayó.

El salón quedó en un silencio absoluto.

El viento contra los cristales parecía haberse detenido.

Victoria miró a su hijo con los ojos muy abiertos.

Camila dejó de temblar para mirar a Mateo con desconfianza.

Elena giró la cabeza despacio hacia Mateo.

Sus labios se afilaron en una línea recta y pálida.

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—¿Lo escondiste? —preguntó ella.

No había ira en su voz ahora. Había algo mucho más peligroso: una certeza helada.

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