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Chapter 1 - El Borde del Abismo

La alfombra persa absorbía cualquier rastro de calor humano.

Sus hilos rojizos, gruesos y antiguos, rasparon la mejilla de Noah.

El bebé de diez meses, envuelto en un pijama enterizo de color azul celeste, soltó un quejido húmedo.

Sus dedos diminutos, aún sin destreza, se aferraban a un fleco deshilachado del escalón.

Buscaba el tacto suave de una manta, pero solo encontró lana áspera.

Sobre él, una sombra bloqueó la luz del enorme ventanal.

El cuero italiano de un zapato de tacón crujió contra la madera del peldaño superior.

Doña Elena no miraba al niño; miraba la mancha de saliva que dejaba en su alfombra.

Su vestido color rojo borgoña no se movía ni un milímetro.

Estaba almidonado, rígido, como la armadura de un general en una guerra silenciosa.

Las perlas de su collar chocaron entre sí.

Un tintineo seco, helado, resonando bajo la luz del gran candelabro de cristal.

Noah levantó su rostro empapado en lágrimas.

Sus grandes ojos oscuros reflejaron el brillo de los pendientes de la mujer.

Con esa lógica pura y cruda de los niños, el bebé extendió una mano temblorosa hacia ella.

Creía, en su inocencia, que todo adulto de pie era un faro para ser levantado.

"Los brazos grandes sirven para abrazar", decía el instinto de Noah.

Pero el tacón de la mujer se alzó lentamente.

La punta del zapato, afilada como un bisturí, se posó justo en el centro de la espalda azul celeste.

No hubo temblor en la rodilla de Elena.

No hubo parpadeo bajo su maquillaje impecable.

—Tú no perteneces a este lugar.

La voz cortó el aire.

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Fueron palabras vacías de ira, dictadas únicamente por un asco profundo, metódico.

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