Chapter 10 - Ruinas de un Linaje

El silencio posterior fue denso, pesado, asfixiante.
Solo se escuchaba el tintineo de la última perla rodando hasta detenerse contra el zócalo.
El hombre no esperó a que la mujer se levantara.
No esperó a ver las lágrimas de derrota que comenzaban a empañar el maquillaje arruinado.
Se dio la vuelta.
Sus botas de cuero chirriaron contra el mármol blanco, dándole la espalda a la matriarca caída.
Acomodó la cabeza de Noah en su hombro.
La mano grande y protectora trazó círculos lentos en la espalda del niño, justo donde el zapato de borgoña había golpeado.
El llanto del bebé había cesado.
Noah apoyó la mejilla mojada en la tela oscura, cerrando sus ojitos agotados.
El hombre caminó hacia las puertas dobles, aún abiertas de par en par.
La brisa fresca del jardín chocó contra sus rostros.
Dejaron atrás el candelabro de cristal.
Dejaron atrás las paredes altas y frías.
En el suelo del vestíbulo, rodeada de perlas sueltas, quedó una mujer aferrada a un pedazo de papel arrugado.
El imperio no había sido derribado por ejércitos ni por quiebras financieras.
Había colapsado bajo el peso de un empujón en la escalera y el eco de un llanto infantil.
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El hombre cruzó el umbral hacia la luz de la calle, llevándose consigo el único futuro real que importaba.
¿Acaso existe alguna condena mayor que ser abandonado en un castillo vacío junto a tu propia verdad?