Chapter 5 - Refugio de Hielo

Las palmas ásperas del hombre ahuecaron el cuerpo de Noah.
Lo levantó con una lentitud agónica, como si estuviera recogiendo cristal molido.
El bebé, al sentir el calor del pecho bajo la camisa gris, hundió su rostro empapado.
Las manos pequeñas de Noah se aferraron a la tela húmeda del hombre.
La lógica infantil volvía a operar: "Si me escondo aquí, los golpes no me alcanzan".
El hombre pegó su mejilla a la cabeza rala del bebé.
Cerró los ojos. Suspiró cuando sintió el latido acelerado contra su propio esternón.
Estaba vivo. Estaba entero.
Pero el llanto del niño vibraba contra su piel, transmitiendo un terror que se filtró en las venas del padre.
El pijama azul estaba manchado de polvo y del rojo desprendido de la alfombra.
El hombre acunó la cabeza de Noah, protegiendo la nuca con su mano ancha.
Su pecho subía y bajaba en respiraciones cortas y furiosas.
Aún de rodillas sobre el mármol, el hombre era una fortaleza reconstruida a la fuerza.
El bebé dejó de gritar, pero sus pequeños hombros seguían dando sacudidas violentas.
Un hipo constante, doloroso.
El hombre abrió los ojos.
La humedad de sus propias lágrimas se había evaporado.
En su lugar, el iris oscuro se había vuelto duro, opaco, peligroso.
El instinto de protección mutaba rápidamente en otra cosa.
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Un depredador acababa de oler la sangre de su cría.
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