Chapter 10 - La marca de la lluvia

A las nueve de la noche, Elena salió por la puerta de servicio de la mansión.
Llevaba su bolso colgado del hombro y una bolsa de plástico con la chaqueta beis que tendría que lavar al día siguiente para quitarle la mancha de mármol.
La lluvia había empezado a caer suavemente sobre el camino de grava.
El coche de Julián estaba aparcado debajo del cobertizo, mojado por las gotas que se colaban por las tejas.
Elena caminó hasta la parada del autobús que estaba en la esquina de la avenida.
El cristal de la marquesina estaba lleno de vaho por el cambio de temperatura.
Se sentó en el banco de metal helado.
Sacó su teléfono del bolsillo.
Tenía un mensaje de texto de su propia hija, que estaba en casa con su abuela.
"¿Vas a tardar mucho, mamá? La sopa se está enfriando."
Elena tecleó rápido con el pulgar derecho.
"Ya voy. Guardadme un poco de pan."
Guardo el teléfono.
Miro hacia arriba, por encima de los árboles del parque.
A lo lejos, en la cima de la colina, la mansión blanca se veía como un cubo de luz helada en medio de la noche de la ciudad.
En el piso superior, una pequeña ventana emitía una luz cálida, anaranjada, donde un niño dormía con un oso que tenía una oreja azul y otra marrón.
El autobús apareció en la esquina, con los faros amarillos cortando la niebla del agua.
Elena subió los dos escalones.
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Dejó la moneda en la máquina y se sentó junto a la ventanilla mojada.
El vehículo arrancó con un murmullo de motor viejo, alejándose de la colina y perdiéndose en las luces de la gran ciudad que nunca terminaba de enfriarse.