Chapter 2 - El murmullo a ras de suelo

Elena cayó de rodillas.
El golpe de sus piernas contra el mármol sonó duro, pero no le importó.
Rodeó los hombros pequeños de Leo con sus dos brazos.
El niño escondió la cara mojada en el cuello del traje beis de la mujer.
El olor a jabón neutro y a vainilla de Elena tapó el aroma denso a perfume de rosas de Victoria.
—Déjame ver la mano, mi amor —susurró Elena.
Victoria se inclinó.
El terciopelo rojo crujió al doblarse sobre su cintura.
Su rostro quedó a cuatro centímetros de la oreja de la nanny.
Elena sintió la respiración tibia de la prometida de su jefe rozándole la piel del cuello.
—Míralo bien —dijo Victoria.
La voz era suave. Una lámina de afeitar metida en mantequilla.
—¿Quién crees que tiene la razón aquí? —añadió la mujer del vestido rojo.
Elena apretó los dedos sobre la espalda del niño. El tejido del peto azul estaba húmedo por las lágrimas.
—Él solo estaba buscando su pelota —dijo Elena sin levantar los ojos.
Victoria soltó una risita seca.
—¿A quién crees que va a escuchar Julián cuando cruce esa puerta? —murmuró Victoria, pasando una uña por el cuello de la chaqueta beis—. ¿A su futura esposa, la mujer que financia sus empresas, o a una sirvienta que cobra por horas?
El niño sollozó, hundiendo los dedos cortos en el bolsillo de Elena.
—La señora mala me empujó —dijo Leo con la voz ahogada contra la tela.
Victoria sonrió del todo. Sus dientes blancos brillaron bajo la luz blanca del vestíbulo.
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—Nadie te va a oír, pequeño bastardo —dijo la mujer de rojo.
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