Chapter 6 - El valor del papel

Victoria logró ponerse de pie.
Un hilo de sangre delgada le corría por la comisura de los labios, manchando el cuello de su vestido rojo.
Se alisó la falda con las dos manos, pero los dedos le temblaban tanto que no podía cerrar el pliegue rasgado.
—Tu empresa no va a sobrevivir a esto, Julián —dijo ella, con los dientes manchados de rojo—. Mi padre tiene el sesenta por ciento de los créditos de la fase tres. Mañana a las nueve estarán ejecutados.
Julián no la miró.
Estaba colocando la oreja rota del oso de peluche en su sitio, apretando el hilo suelto entre sus dedos largos.
—Los créditos ya no están en su banco, Victoria —dijo él.
La mujer se detuvo con la mano en la pared.
—¿De qué hablas?
—Ayer firmé la transferencia con la firma de inversiones del norte —dijo Julián—. Vendí mi parte de la casa de la costa para pagar el rescate de la deuda.
Victoria parpadeó rápida.
—Tú no tienes dinero para eso...
—Lo tenía mi madre —dijo Julián, levantando por fin la vista hacia ella—. Y se lo dejó a Leo en un fideicomiso que yo administro desde que él cumplió dos años.
Elena dio un paso atrás, apartando al niño de la línea de visión de la mujer.
Victoria miró la consola de entrada. Miró la lámpara de cristal. Miró las paredes blancas con molduras que tanto había tardado en elegir para la reforma de la casa.
—Me has utilizado —dijo la mujer de rojo.
—No —dijo Julián—. Te dejé entrar porque pensaba que la casa necesitaba a alguien que llenara el espacio. Pero tú solo traías piedras en las manos.
Se acercó a la puerta principal y la abrió de par en par.
El viento de la tarde volvió a barrer el mármol, llevándose el olor a rosas rancias.
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—Sal —ordenó él.
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