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EL CRISTAL Y LA SOMBRA / Chapter 1 / 10

Chapter 1 - El pulso en el cristal

El asfalto caliente olía a goma quemada y a perfume barato de hotel.

Las ruedas del SUV negro todavía soltaban un vapor leve bajo el sol del mediodía.

David caminó hacia la ventanilla trasera. La chaqueta de su traje azul marino le pesaba en los hombros como si estuviera hecha de plomo húmedo.

Dos golpes secos con el nudillo del dedo índice.

Toc. Toc.

El cristal tintado bajó tres centímetros con un zumbido eléctrico.

Un ojo pequeño, marrón y aterrorizado apareció en la rendija.

Mia.

La niña apretaba a su hermano recién nacido contra el pecho. Sus dedos cortos se hundían en la manta de hilo blanco hasta poner sus uñas amarillas.

—Papá —dijo Mia.

Su voz no tembló. Tuvo la solidez de una piedra cayendo al fondo de un pozo.

—Ese hombre se llevó el maletín de mamá.

David apoyó la palma de la mano sobre el borde de la ventanilla. El cristal ardía.

—Dijo que vimos demasiado —añadió la niña.

Un chupo de goma roja cayó del pliegue de la manta y rebotó sobre el moqueta del coche.

Nadie lo recogió.

David abrió la puerta de un tirón seco. El pomo de metal crujió bajo su agarre.

—Sal —ordenó él.

No usó un tono suave. No usó la voz que empleaba los domingos para leer cuentos.

Rodeó las axilas de la pequeña con las dos manos. El sudor de la espalda de la niña le mojó las palmas.

El bebé no lloraba. Tenía los ojos abiertos, fijos en la palmera que se mecía sin viento sobre el bordillo.

Mia pisó el suelo de losas claras. Sus zapatillas de lona roja dejaron una marca de polvo seco.

—Mamá no tenía llaves en el bolso —dijo la niña, mirando la entrada del edificio.

—Entra en la sombra, Mia —dijo David.

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Un par de pasos pesados resonaron tras las puertas giratorias del vestíbulo.

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