Chapter 1 - El adorno de cristal

El pavo horneado olía a romero y a mantequilla quemada.
Lucía acomodó el tenedor de plata a dos centímetros del plato.
Era la quinta vez que medía la distancia.
Su suegra, Doña Elena, no tolera las rodajas de limón torcidas.
En la esquina del comedor, las luces del árbol de Navidad parpadeaban en rojo y verde.
El vapor de la sopera de cerámica blanca subía en espirales lentas.
Mateo desdobló la servilleta de lino sin levantar la vista del plato.
El reloj de pared sonaba como un hacha cortando leña.
Un segundo.
Otro segundo.
Doña Elena ajustó el moño gris que coronaba su nuca.
Su blusa color terracota no tenía una sola arruga.
Lucía dio un paso atrás, alisando las mangas de su suéter beige.
Tenía las uñas encajadas en las palmas de sus manos.
El metal de los cubiertos brillaba bajo la lámpara de araña.
"El caldo está frío", dijo Doña Elena.
Su voz no era fuerte, pero cortó el aire como una hoja de afeitar.
Lucía dio un paso hacia la mesa.
"Lo acabo de servir...", murmuró Lucía.
El sonido del impacto retumbó contra los cristales de la ventana.
La mano derecha de Doña Elena cruzó el aire a la velocidad de un látigo.
La mejilla izquierda de Lucía ardió en un instante.
El impacto le hizo girar el cuello hacia la izquierda.
Un hilo de saliva cruzó el aire.
La joven dio dos pasos en falso, tropezando con la pata de la silla.
Doña Elena levantó el índice, recto y firme como una aguja de tejer.
"Considera esto una lección", dijo la anciana.
Lucía no se cayó.
Se sujetó del borde de la mesa, descolocando el mantel de encaje.
Su respiración se volvió corta, silbante.
May you like
Mateo no levantó la cabeza.
Solo apoyó el tenedor sobre la carne jugosa.