Chapter 4 - El naufragio en la sopera

El movimiento no tuvo preparación previa.
No hubo grito.
No hubo advertencia.
Lucía extendió los brazos como dos resortes de acero.
Sus dedos se clavaron con violencia en el moño gris de Doña Elena.
Las horquillas de metal saltaron y rebotaron sobre el plato de porcelana.
Doña Elena soltó un chillido ahogado que se cortó a la mitad.
Lucía tiró hacia abajo con todo el peso de su cuerpo.
La cabeza de la anciana bajó en picado.
El rostro de Doña Elena se estrelló de lleno contra el centro de la sopera blanca.
El impacto hizo que la cerámica se rajara de un lado a otro.
El caldo caliente saltó hacia arriba en una ola de grasa y verduras.
Gotas hirvientes salpicaron el mantel, las copas de cristal y la camisa azul de Mateo.
El sonido fue un chapoteo sordo, pesado y brutal.
La cara de la anciana quedó sumergida hasta las orejas en el líquido espeso.
Las manos de Doña Elena manotearon el aire a ciegas, buscando de qué agarrarse.
Tiró una copa de vino rojo, que se derramó como sangre fresca sobre el encaje.
Mateo dio un salto hacia atrás, volcando su silla heavy de roble.
"¡Madre!", gritó él, por fin perdiendo la compostura.
Lucía no soltó el cabello gris.
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Mantuvo la presión tres segundos enteros.
Tres segundos de burbujas ahogadas subiendo a la superficie del caldo.