Chapter 6 - La Luz en la Oscuridad

La niña miró la montaña de crema sobre el plato de porcelana fina.
Sus ojos reflejaban la luz roja del horizonte.
—¿Es para los dos? —preguntó.
—Es para tu hermano —dijo Sonia.
Se agachó otra vez, sin importarle que la seda de su falda se pisara con sus propios tacones.
Cogió la vela azul y blanca de la mano sucia de la niña.
La clavó justo en la cumbre del trozo de tarta.
La cera quedó firme entre la nata rosa.
Sonia buscó con la mirada al camarero más cercano.
—Un encendedor —ordenó.
El camarero corrió hacia ella, sacando un mechero de plata del chaleco.
El chasquido del chisquero resonó en la penumbra que empezaba a cubrir el jardín.
La llama amarilla bailó un segundo antes de prender la mecha negra de la vela.
Una diminuta luz azul y dorada iluminó la cara lienteramente sucia de la niña.
El humo fino subió directo hacia el cielo oscuro.
—Dile que pida el deseo antes de que el viento la apague —susurró Sonia.
La niña sonrió por primera vez.
Le faltaba un diente en la parte superior derecha.
Sus encías rojas brillaron a la luz de la vela.
—Él va a pedir que no llueva mañana —dijo la pequeña.
Cogió el plato de porcelana con ambas manos, manteniendo el equilibrio con un cuidado casi sagrado.
Se giró y echó a andar hacia la verja de hierro.
Sus zapatillas rotas hacían un sonido rítmico sobre la hierba: chis, chas, chis, chas.
El abrigo beis le golpeaba los talones al caminar.
El oficial de policía miró a Sonia, luego a la verja, y finalmente guardó la porra.
Nadie la siguió.
El novio se quedó con el billete de cincuenta dólares en la mano, arrugándolo despacio dentro de su puño.
—La boda ha terminado —dijo Sonia en voz baja.
Se quitó el anillo de compromiso de la mano izquierda.
El diamante cayó sobre el plato vacío donde antes descansaba el trozo de pastel.
El metal chocó contra la porcelana con un sonido seco y definitivo.
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Sonia caminó hacia la salida, en sentido opuesto a la fiesta, siguiendo las huellas pequeñas que la niña había dejado sobre el barro.
A lo lejos, junto al muro de piedra de la carretera, la pequeña luz azul de la vela seguía ardiendo contra la noche.