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ECO DE UN BASTÓN DE MÁRMOL / Chapter 10 / 10

Chapter 10 - La luz sin filtro

El abogado se despide con un apretón de manos firme y sale al pasillo exterior, cerrando la puerta tras de sí con un chasquido suave.

Emily vuelve a la cocina.

Toma la taza de té, que ahora está tibia, y da un pequeño sorbo.

El silencio de la casa ya no es el silencio tenso de la mañana, lleno de pasos apresurados y cuchicheos a la espalda.

Es un silencio espacioso, limpio, donde el sonido de los bloques de madera chocando suavemente entre sí sobre el parquet llena el ambiente de una extraña serenidad.

Emily camina hacia el centro del salón y se agacha junto a Chloe.

Mira la línea recta de bloques amarillos que la niña ha construido con meticulosa paciencia.

Los bloques cubren por completo el rasguño en el roble.

—Quedó muy bonito —dice la madre, sentándose en el suelo con las piernas cruzadas.

Chloe sonríe, mostrando sus dientes pequeños.

—Es una cerca —explica la niña, señalando la línea de bloques de madera—. Para que nadie vuelva a entrar sin pedir permiso.

Emily siente un nudo en la garganta, pero esta vez no es de angustia.

Se inclina y besa la frente de su hija, oliendo el champú infantil y la frescura de la mañana.

—Es una cerca perfecta, mi amor.

La mujer se pone de pie y camina hacia la ventana trasera.

Mira hacia el patio, donde los árboles del jardín pierden sus últimas hojas secas bajo la luz brillante del mediodía.

Saca su teléfono inteligente del bolsillo del pantalón.

Desbloquea la pantalla.

Busca la aplicación que controla el sistema de seguridad de la casa.

Presiona el botón de configuración de la cámara del salón.

El pequeño punto rojo que parpadeaba en la esquina del techo se apaga con un clic imperceptible.

Ya no hace falta grabar nada.

Ya no hay amenazas ocultas en los pasillos, ni cartas con sellos de banco extranjeros escondidas en los cajones de la cocina, ni susurros maliciosos en la oscuridad.

Emily guarda el teléfono en el bolsillo.

Se gira para mirar a su hija, que ha comenzado a guardar sus juguetes en una caja de tela azul.

El sol entra de lleno por las grandes ventanas de cristal, iluminando cada rincón del salón sin dejar una sola sombra donde esconder la verdad.

Emily se acerca a la niña, se agacha y toma uno de los bloques de madera para ayudarla a recoger.

—¿Qué quieres comer hoy, Chloe? —pregunta la madre con una voz dulce, limpia y ligera.

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La pequeña levanta la mirada, sonríe con sencillez y abraza a su madre por el cuello.

—Lo que tú quieras, mamá. Hoy la casa huele bien.

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