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ECO DE UN BASTÓN DE MÁRMOL / Chapter 7 / 10

Chapter 7 - El chasquido del metal

El inspector de traje oscuro camina con pasos medidos sobre el suelo de madera.

Sus zapatos no hacen ruido.

Se detiene en medio del salón, observando a los presentes con una mirada entrenada que capta de inmediato los detalles: la mejilla hinchada de Arthur, el punto rojo parpadeante en el techo, el teléfono en la mano de la niña y la marca roja en el rostro de Emily.

—Señora Vance —dice el inspector dirigiéndose a Emily—. ¿Se encuentra bien?

—Estoy bien —responde ella, manteniendo la voz firme—. Las grabaciones de la cámara de seguridad están listas para ser transferidas a su servidor.

Uno de los oficiales uniformados se acerca a Arthur.

Le pide suavemente que ponga las manos detrás de la espalda.

El hombre no ofrece resistencia.

Sus hombros se hunden mientras el chasquido frío del metal de las esposas resuena en la sala.

Un sonido seco, metálico, que marca el final de diez años de apariencia matrimonial.

La anciana ahoga un grito y trata de interponerse entre su hijo y el oficial.

—¡Quítenle eso inmediatamente! —grita la anciana, agarrando la manga del oficial con sus dedos deformados por la artritis—. ¡No saben quiénes somos! ¡Mi padre fue juez de esta corte!

—Señora, por favor, apártese —dice el segundo oficial con firmeza, colocando una mano firme en el hombro de la mujer mayor para frenar su avance.

—¡Arthur! ¡Diles algo! —grita la madre, con los ojos fuera de las órbitas—. ¡Diles que todo esto es una mentira de esta mujer!

Arthur no responde.

Mira al suelo, observando la cicatriz blanca que el zapato de Emily dejó en el barniz de la madera unos minutos antes.

—Señora Vance —continúa el inspector dirigiéndose a la anciana—. También tenemos una citación judicial a su nombre. Deberá acompañarnos a la comisaría para prestar declaración sobre los fondos de la fundación inmobiliaria.

La anciana se queda helada.

La mano que sostenía la manga del oficial cae pesadamente a su costado.

—¿Una... una citación? —murmura ella, incapaz de procesar la palabra—. Yo soy la víctima aquí. Mi hijo me prometió que todo estaba en regla...

—Tendrá oportunidad de aclararlo con su abogado —responde el inspector sin alterarse.

Emily da un paso hacia el inspector, entregándole el teléfono inteligente que Chloe había estado sosteniendo.

—Aquí están los archivos de audio y las fotografías del vehículo involucrado en el accidente del puerto —dice Emily de forma clara y concisa—. Todo está respaldado en la nube.

El inspector toma el dispositivo y lo guarda en una bolsa de evidencia plástica con un cierre hermético.

Un sonido chirriante de plástico que concluye la recolección de pruebas.

Chloe mira desde el umbral de la cocina, apretando el conejo de trapo contra sus costillas.

No llora.

Sus ojos infantiles observan cómo el oficial conduce a su padre hacia la puerta de salida.

Arthur se detiene un segundo justo antes de cruzar el umbral.

Gira la cabeza levemente hacia atrás.

Mira a la pequeña en la cocina.

—Chloe... —intenta decir, pero el oficial le da un ligero toque en el brazo para que continúe caminando.

El hombre desaparece por el pasillo, seguido por el sonido de sus pasos pesados saliendo de la casa.

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La anciana se queda en el centro del salón, sola, con la blusa borgoña ligeramente arrugada y el moño canoso despeinado por el viento que entra por la puerta abierta.

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