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La Prometida de Cristal / Chapter 6 / 10

Chapter 6 - El Sabotaje

El teléfono de Ava vibró tres veces seguidas mientras ella limpiaba una mesa de la cafetería donde había trabajado antes de mudarse con Damian.

Había insistido en conservar el empleo a medio tiempo, aunque él le repitiera que no era necesario.

"Necesito algo que sea mío", le había dicho, y él no había vuelto a insistir.

Sacó el teléfono del bolsillo del delantal y sintió que el aire se le atoraba en la garganta.

Un mensaje de un número desconocido.

"Sé quién eres realmente, Ava. Y sé lo que le pasó a tu padre. ¿Le has contado a Damian que su empresa fue la que destruyó la tuya?"

Ava se quedó paralizada, el trapo húmedo aún en la mano, goteando sobre el suelo.

—¿Todo bien? —preguntó su compañera de turno, notando la palidez repentina en su rostro.

—Sí. Solo... necesito un minuto.

Se encerró en el baño del personal, releyendo el mensaje una y otra vez, sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies.

La empresa de Damian.

Su padre.

No podía ser cierto. Tenía que ser una mentira más de Marco, otro intento desesperado de desestabilizarla.

Pero una parte de ella, la parte que recordaba fragmentos de conversaciones de su infancia, las lágrimas de su madre en las noches en que pensaba que Ava dormía, las palabras "Cross Industries" mencionadas con un odio que nunca había entendido del todo, esa parte de ella sabía que había algo de verdad enterrado ahí.

Esa noche, cuando regresó al penthouse, encontró a Damian trabajando en su estudio, como siempre.

—Necesito preguntarte algo —dijo, sin preámbulos, cerrando la puerta detrás de ella.

Él levantó la vista, notando de inmediato la tensión en su postura.

—¿Qué pasa?

—¿Tu empresa tuvo algo que ver con la quiebra de una compañía llamada Sterling Manufacturing? Hace quince años.

El rostro de Damian se transformó, la sorpresa cruzando sus facciones como una sombra.

—¿Cómo conoces ese nombre?

—Respóndeme primero.

Damian se pasó una mano por el cabello, un gesto de agotamiento que Ava reconocía de las noches más difíciles.

—Sterling era un proveedor pequeño. Hubo una disputa de contratos, hace mucho tiempo, antes de que yo asumiera el control de la empresa. Mi padre tomó decisiones duras en esa época, decisiones que no siempre fueron... justas. ¿Por qué preguntas esto ahora?

Ava sintió que el suelo se abría bajo ella.

—Porque Sterling Manufacturing era la empresa de mi padre.

El silencio que siguió se sintió como una eternidad comprimida en segundos.

—Ava...

—Mi padre no nos abandonó, Damian —dijo ella, la voz temblando, décadas de una historia mal contada desmoronándose de golpe—. Se fue porque no pudo soportar la vergüenza de haberlo perdido todo. Se fue porque tu padre —o quien fuera en tu empresa que tomó esa decisión— destruyó todo lo que había construido, y él no pudo mirarnos a los ojos después de eso.

Damian se puso de pie, rodeando el escritorio, pero Ava retrocedió un paso, con las manos levantadas.

—No —dijo—. Necesito procesar esto. Necesito entender cómo es posible que el destino sea tan cruel como para ponerme justo en la casa de la familia que arruinó a la mía.

—Ava, yo no sabía nada de esto. Te juro que...

—Lo sé —lo interrumpió ella, aunque la voz le temblaba—. Sé que no es tu culpa directamente. Pero alguien más lo sabe. Alguien me envió un mensaje hoy, amenazando con exponerlo todo.

—¿Quién?

—No lo sé. Un número desconocido.

Damian sacó su teléfono de inmediato, marcando un número con dedos tensos.

—Necesito que rastreen un mensaje —dijo, sin preámbulos, en cuanto alguien contestó del otro lado—. Es urgente.

Mientras esperaban, Ava se sentó en el borde del sofá, abrazándose las rodillas, sintiendo que dos versiones de su vida —la que creía conocer y la que acababa de descubrir— luchaban por encontrar un lugar dentro de ella.

—Necesito llamar a mi madre —dijo finalmente—. Necesito saber la verdad completa. Toda mi vida pensé que mi padre nos abandonó porque no nos quería lo suficiente. Si esto es cierto, entonces...

—Entonces la historia que conociste toda tu vida está incompleta —terminó Damian, sentándose a su lado, con cuidado de no invadir su espacio—. Lo siento, Ava. Lo siento profundamente, sin importar qué tan involucrada haya estado mi familia.

Ava lo miró, buscando en su rostro alguna señal de la crueldad que había imaginado en el hombre responsable de la ruina de su padre.

No encontró ninguna.

Solo encontró culpa genuina, y algo parecido al miedo de perderla.

—No te odio —dijo finalmente, sorprendiéndose a sí misma con la certeza de esas palabras—. No sé qué siento exactamente en este momento, pero no es odio hacia ti.

El teléfono de Damian sonó de vuelta. Contestó, escuchó en silencio durante casi un minuto entero, y su expresión se endureció con cada palabra.

—Entiendo. Gracias.

Colgó, girándose hacia Ava con una mandíbula tensa.

—El mensaje vino de un teléfono desechable, comprado en efectivo. Imposible de rastrear directamente. Pero el patrón coincide con transacciones que hemos estado investigando internamente durante meses.

—¿Qué tipo de transacciones?

—Filtración de información confidencial. Alguien dentro de mi empresa ha estado vendiendo datos a nuestra competencia. Sospechábamos de varias personas, pero ahora... ahora tengo una idea mucho más clara de quién podría ser.

—Marco.

—Marco —confirmó Damian, con una expresión que Ava no le había visto antes, una furia fría y calculada, muy distinta a la protección tierna de días anteriores—. Y probablemente Sofía lo sabe, o al menos sospecha.

Ava se levantó, caminando hacia la ventana, mirando las luces de la ciudad sin verlas realmente.

—¿Qué hacemos ahora?

—Ahora —dijo Damian, uniéndose a ella junto al ventanal—, averiguamos la verdad completa. Sobre tu padre. Sobre Marco. Sobre todo. Y después, decidimos juntos qué hacer con ella.

—¿Juntos?

—A menos que ya no quieras que sea juntos.

Ava se giró para mirarlo, sintiendo el peso de todas las revelaciones del día presionándole el pecho, pero también sintiendo algo más: la certeza extraña de que, a pesar de todo, no quería enfrentar esa verdad sola.

—Juntos —confirmó finalmente—. Pero necesito llamar a mi madre primero. Necesito escuchar la historia completa, de su propia boca.

Esa noche, la llamada con Elena duró casi dos horas, y cuando Ava finalmente colgó el teléfono, tenía el rostro bañado en lágrimas y una nueva comprensión de su propio padre que reescribía quince años de resentimiento silencioso.

No había sido abandono.

Había sido vergüenza, y una carta de despedida que su madre había guardado durante años, sin atreverse nunca a mostrársela, temiendo que el dolor fuera demasiado grande de cargar para una niña de diez años.

Damian la encontró llorando en el sofá, y sin decir una palabra, se sentó a su lado y la dejó apoyar la cabeza en su hombro, ofreciéndole el único consuelo que sabía dar: presencia silenciosa, constante, sin exigir nada a cambio.

—Vamos a arreglar esto —dijo finalmente, cuando los sollozos de Ava se calmaron—. Todo. Lo de tu padre, lo de Marco, lo de Sofía. Te lo prometo.

—Las promesas son fáciles de hacer, Damian.

—Lo sé. Por eso pienso cumplir cada una de las mías.

Ava cerró los ojos, dejándose envolver por el calor de su brazo alrededor de ella, y por primera vez desde que descubrió la verdad sobre su padre, sintió que quizás no tenía que cargar sola con el peso de todo lo roto.

Al día siguiente, llamó al hospital donde su madre se recuperaba, y esta vez no ocultó nada.

Le contó sobre Sterling Manufacturing, sobre la conexión con la familia Cross, sobre el mensaje amenazante y la investigación que Damian ya había puesto en marcha.

Elena guardó silencio un largo rato al otro lado de la línea.

—Siempre supe que ese apellido volvería a aparecer en nuestra vida de alguna forma —dijo finalmente, con una calma que sorprendió a Ava—. Tu padre solía decir que las deudas del pasado siempre encuentran el camino de vuelta, para bien o para mal.

—¿Estás enojada conmigo? ¿Por estar viviendo bajo el mismo techo que la familia que nos arruinó?

—Estoy enojada con la vida, Ava, no contigo. Y si ese hombre te trata con el respeto que mereces, entonces tal vez el destino tiene un sentido del humor más generoso del que yo pensaba.

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Ava sonrió a través de las lágrimas, sintiendo que, poco a poco, las piezas rotas de su historia empezaban a encajar en un lugar nuevo, distinto, más cercano a la paz que a la herida abierta que había cargado durante tantos años.

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