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Las Huellas del Agua Fría / Chapter 7 / 10

Chapter 7 - El diagnóstico del silencio

La luz del consultorio es blanca.

Demasiado brillante.

El doctor Arispe ausculta el pecho de Sofía con el estetoscopio.

El metal toca la piel de la niña.

Sofía da un leve respingo.

—Respira profundo, pequeña —dice el médico con voz suave.

Sofía obedece.

Un silbido leve sale de sus pulmones.

El doctor quita el estetoscopio y mira a Valeria.

Tiene el ceño fruncido.

—Tiene un principio de neumonía en el pulmón izquierdo —dice el médico—. ¿Cuánto tiempo estuvo expuesta al frío?

Valeria siente que el suelo se hunde bajo sus pies.

—Su abuela le tiró una jarra de agua helada encima. Y la dejó en el suelo mojado.

El doctor Arispe se detiene.

Su mano, que sostenía el lapicero sobre la historia clínica, deja de moverse.

Mira a Valeria a los ojos.

—¿La abuela?

—Sí.

—¿Dónde estaba el padre?

—Mirando —responde Valeria.

La palabra pesa como una piedra en el aire.

El médico asiente despacio.

Escribe algo en la ficha de papel con trazos rápidos.

—Voy a ingresar a la niña. Necesita antibióticos por vía intravenosa y suero para la deshidratación.

—¿Se va a poner bien? —pregunta Valeria con la voz rota.

El doctor mira a Sofía.

La niña está jugando con el borde de la sábana blanca de la camilla.

Intenta hacer un nudo con los hilos sueltos.

—Físicamente, sí. Es fuerte. Pero... —el médico baja la voz—. Tendré que hacer un informe para el departamento de protección menor.

Valeria respira hondo.

Cierra los ojos un segundo.

Cuando los abre, no hay duda en su mirada.

—Haga todos los informes que necesite, doctor. No van a volver a tocarla.

El teléfono móvil de Valeria empieza a vibrar en su bolsillo.

Vrrr.

Vrrr.

La pantalla muestra el nombre de Mateo.

Valeria no responde.

Desliza el dedo por la pantalla y bloquea el número.

Inmediatamente entra otro mensaje.

Es un texto de un número desconocido.

"Si me denuncias, le diré al juez que eres una madre inestable que abandonaba a su hija para trabajar. Mi madre dirá lo mismo. No tienes pruebas de nada."

Valeria aprieta el teléfono con tanta fuerza que la pantalla parece que va a crujir.

Guarda el dispositivo en el bolsillo.

Se acerca a la camilla de Sofía.

Se sienta en el taburete de metal.

—Mamá —dice Sofía.

—Dime, cielo.

—¿La aguja que me van a poner va a doler?

Valeria le acaricia el cabello seco.

—Un poquito. Como un piquete de hormiga.

—Bueno —dice Sofía, mirando el techo brillante—. Si duele, voy a pensar en los peces.

—¿En los peces?

—Sí. Los peces viven en el agua fría todo el tiempo y no lloran.

Valeria apoya la cabeza en el borde de la camilla.

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El llanto que había retenido durante toda la noche finalmente se escapa en un sollozo silencioso.

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