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Las Huellas del Agua Fría / Chapter 9 / 10

Chapter 9 - El amanecer de cristal

A las seis de la mañana, la luz del sol empieza a filtrar por la ventana.

Un color dorado suave ilumina la habitación del hospital.

Sofía abre los ojos.

Parpadea dos veces.

Mira la vía en su mano y luego mira a su madre.

Valeria no ha dormido en toda la noche.

Tiene los ojos rojos, pero su rostro está tranquilo.

—Buenos días, mi amor —dice Valeria.

—Hola, mamá.

—¿Cómo te sientes?

—Ya no me pica la garganta —dice Sofía—. Y mi cabeza no pesa como una piedra.

Valeria sonríe.

Se inclina y le da un beso en la mejilla.

—El doctor dice que si te comes todo el desayuno, por la tarde nos podemos ir a la casa de la tía Elena.

Los ojos de Sofía se iluminan.

—¿La tía Elena la que tiene el perro grande?

—Sí. El perro grande que le gusta jugar con la pelota.

—¿Y el papá va a estar ahí? —pregunta la niña, bajando la voz.

Valeria se queda quieta un momento.

Busca la mejor manera de responder.

Se pone a la altura de los ojos de la niña.

—No, cielo. El papá no va a estar ahí. Ni hoy, ni mañana, ni nunca más.

Sofía mira sus manos.

Juega con las sábanas.

—¿El papá está enojado porque te dio un tát? —pregunta la niña.

Valeria se sorprende.

—¿Viste eso?

—Un poquito —susurra Sofía—. Abrí los ojos cuando escuché el ruido duro.

Valeria le acaricia la cabeza.

—A veces los adultos necesitan un ruido duro para despertarse de un sueño feo, Sofía.

La niña lo piensa un momento.

—La abuela también necesitaba un ruido duro.

—La abuela ya no va a volver a acercarse a ti —asegura Valeria—. Te lo prometo por mi vida.

Puertas afuera, el pasillo del hospital empieza a llenarse de ruido.

Pasos de enfermeras.

El carro del desayuno rodando sobre el linóleo.

Clatter-clatter.

Alguien toca a la puerta.

El doctor Arispe entra con una carpeta bajo el brazo.

—Buenos días. ¿Cómo amaneció la paciente más valiente del piso?

Sofía sonríe de lado.

—Ya no tengo agua en las orejas, doctor.

El médico se ríe suavemente.

Mira a Valeria.

—Los análisis muestran que la infección está cediendo rápido. El informe para el juzgado de familia ya ha sido enviado por fax esta mañana.

—Gracias, doctor —dice Valeria.

—Un oficial de policía vendrá a tomarle declaración en un par de horas —añade el médico en voz baja—. Solo para completar el trámite de la orden de protección.

Valeria asiente.

—Estaré lista.

El doctor revisa el suero y sale de la habitación.

Valeria se acerca a la ventana.

Abre un poco la persiana.

El sol brilla sobre la ciudad.

El agua de la lluvia de la noche anterior se está evaporando en el asfalto.

El mundo sigue girando.

Pero dentro de ella, algo se ha roto para siempre.

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Y algo nuevo ha comenzado a construirse.

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