signalarc

Chapter 4 - El palo verde contra la franela oculta

En la parte trasera de la clase, cerca de la estantería donde se apilaban los cuentos infantiles con las esquinas dobladas, un niño de camiseta verde hierba se puso de pie con extrema lentitud.

Leo no miró a la profesora.

Sus ojos claros estaban fijos en la esquina superior de la pared del fondo, justo donde el yeso amarillo se unía con el techo blanco mediante una moldura de madera pintada.

Durante semanas, un trozo de tela de franela de color gris oscuro había estado colgando allí, sujeta con una chincheta, tapando algo que la maestra siempre decía que era una "caja vieja de cables sin corriente".

Pero Leo había visto al conserje limpiar la zona un viernes por la tarde y sabía muy bien que los cables no parpadean en la oscuridad con una lucecita roja como los ojos de los robots de sus dibujos animados.

El niño extendió la mano hacia el rincón de los materiales de manualidades.

Sus dedos buscaron entre los tubos de cartón, los pinceles secos y las reglas de madera hasta dar con un listón largo y delgado, un listón verde de medio metro que se usaba para sostener los carteles de las estaciones del año.

Lo tomó con firmeza, sujetándolo con ambas manos como si fuera una lanza diminuta.

Dio tres pasos hacia adelante, manteniendo el cuerpo pegado al lateral de la estantería para evitar que la sombra de su silueta se proyectara sobre el escritorio de la profesora.

La profesora seguía escribiendo notas en una libreta roja, con la cabeza inclinada hacia abajo, ajena por completo al movimiento que se gestaba a sus espaldas.

Leo llegó hasta la esquina de la pared principal.

Tuvo que ponerse de puntillas, estirando los brazos hacia arriba con un esfuerzo que hizo temblar ligeramente los músculos de sus pantorrillas infantiles.

Colocó la punta del listón verde exactamente debajo del dobladillo inferior del trapo de franela gris.

Empujó hacia arriba con un movimiento seco, preciso y silencioso.

La chincheta cedió con un pequeño chasquido sordo que apenas logró diferenciarse del zumbido del tubo fluorescente.

La tela gris perdió su punto de apoyo.

Cayó en picado sobre el suelo de linóleo, levantando una pequeña nube invisible de polvo acumulado que hizo toser silenciosamente a una niña en la segunda fila.

Al quedar libre de la cubierta de franela, el objeto oculto en la pared quedó completamente expuesto a la luz del aula.

Era una cámara de seguridad de lente oscura, compacta y moderna, instalada en un soporte articulado que apuntaba directamente hacia el rincón donde, hacía apenas diez minutos, Maya había estado arrodillada llorando.

En el centro exacto de la lente negra, un pequeño diodo LED comenzó a emitir destellos rítmicos.

Rojo. Rojo. Rojo.

El parpadeo era constante, frío, implacable, registrando cada mota de polvo, cada renglón de la pizarra y cada temblor en las manos de los niños.

Leo bajó el listón verde con la misma lentitud con la que lo había levantado.

Lo dejó apoyado contra la pata de la estantería de libros, como si nada hubiera ocurrido.

May you like

Luego, con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones cortos, regresó a su pupitre y se sentó, mirando fijamente hacia el frente con una expresión de absoluta neutralidad.

---

Related Stories

Other posts