signalarc
El sabor de la crema amarga / Chapter 1 / 10

Chapter 1 - El sabor de la crema amarga

La vela número veintiuno temblaba sobre el merengue blanco.

Maya cerró los ojos. Sus dedos rozaron la madera rugosa de la mesa del parque.

El aire olía a marea baja y a césped recién cortado.

—Pide un deseo, Maya —susurró una voz a su espalda.

Maya tomó aire. Sus labios se juntaron, listos para soplar.

Un impacto helado y denso le aplastó la nariz contra el cartón.

El merengue le entró por las fosas nasales. La llama se apagó con un siseo ahogado contra su mejilla.

La risa de Brenda resonó, agudo, como un cristal al romperse.

Maya abrió los ojos. El mundo era una mancha blanca y pegajosa.

Bajo la capa de nata, sus pupilas buscaron a Brenda.

Brenda vestía su chaqueta verde oliva. Sonreía con todos los dientes.

A su alrededor, seis teléfonos móviles brillaban bajo la luz del mediodía.

Nadie extendió una servilleta. Solo se oía el sonido mecánico de los obturadores.

Maya no se limpió los ojos con la manga.

Dejó que la crema bajara despacio por su barbilla. Un hilo blanco goteó sobre su camiseta beis.

Sus dedos se cerraron sobre el borde de la mesa de madera hasta que las uñas se pusieron blancas.

—Te falta un poco en la oreja —dijo Brenda, dando un paso atrás.

Brenda cruzó los brazos. Su cabello pelirrojo destelló bajo el sol.

Maya se levantó despacio.

El plato de cartón cayó al suelo con un golpe sordo.

Pequeños grumos de bizcocho quedaron pegados a sus vaqueros claros.

Un niño pequeño, sentado en un banco cercano, dejó de comer su helado.

El niño soltó la mano de su madre. Señaló a Maya con un dedo manchado de chocolate.

—Mamá —dijo el niño en voz baja—. La chica tiene la cara rota.

La madre le bajó el brazo de un tirón seco.

Maya caminó dos pasos hacia Brenda. La suela de sus zapatillas crujió sobre la hierba seca.

—Límpialo —dijo Maya.

Su voz no tembló. Salió raspada, con gusto a vainilla rancia.

Brenda ladeó la cabeza. La sonrisa no desapareció de sus labios.

—Era una broma, Maya. No seas tan dramática.

Brenda extendió la mano y le dio un pequeño toque con el índice en el hombro sucio.

—Además —añadió Brenda, bajando la voz—, tú te comiste mi lugar en el equipo. Consideralo un pago.

Maya sintió un latido sordo en la sien.

No miró las cámaras. No miró a los estudiantes que grababan a dos metros de distancia.

Un hilo de crema le entró en el ojo izquierdo. No parpadeó.

Levantó la mano derecha. Su palma abierta cortó el aire de la tarde.

El chasquido de la bofetada resonó en todo el parque.

La cabeza de Brenda giró hacia la izquierda. Su chaqueta verde se sacudió.

El silencio aplastó el rumor del tráfico lejano.

Brenda se tocó la mejilla roja. Sus ojos azules se llenaron de chispas oscuras.

—¿Te atreviste? —susurró Brenda.

Brenda se lanzó hacia adelante con las uñas por delante.

May you like

Maya no retrocedió. Plantó los pies en la tierra húmida.

---

Related Stories

Other posts