Chapter 9 - La Sala Limpia

La sala de audiencias número cuatro olía a cera de pisos y a papel húmedo.
El juez, un hombre gordo con gafas de armazón de carey, leía los expedientes con la lentitud de quien ha visto pasar miles de tragedias idénticas sobre su escritorio.
Mateo estaba de pie junto a la mesa de la defensa.
A su lado, un hombre de setenta años con un abrigo desgastado se apretaba las manos en el regazo, temblando cada vez que el abogado de la parte demandante levantaba la voz.
—El contrato es claro, Su Señoría —decía el abogado joven del banco, vestido con un traje gris impecable—. Tres meses de retraso constituyen causal directa de rescisión del arrendamiento.
El juez levantó la vista.
—¿Tiene algo que agregar, abogado Valdés?
Mateo se puso de pie despacio.
No llevaba el reloj de bolsillo en la cadena del chaleco. El ojal de plata colgaba vacío sobre la tela negra de su traje.
—Tengo un recibo —dijo Mateo.
Sacó una hoja de papel arrugada del bolsillo interior.
—Un recibo de depósito hecho a las seis de la mañana en la sucursal central del banco emisor. La deuda está saldada en su totalidad, incluyendo los intereses de demora.
El abogado del banco frunció el ceño.
—Eso es imposible. La cuenta estaba congelada desde ayer a las cinco de la tarde.
—La cuenta del arrendatario sí —dijo Mateo—. La cuenta de la Sucesión Alarcón, no.
El juez tomó el papel que le tendió el alguacil.
Ajustó sus gafas y leyó el sello de caja impreso en tinta azul en la parte inferior de la hoja.
—El pago es válido —dictaminó el juez—. Se sobresee el juicio de desalojo.
El anciano del abrigo desgastado se giró hacia Mateo con los ojos llenos de lágrimas.
Intentó tomar la mano del abogado, pero Mateo se limitó a darle una palmadita en la espalda.
—Vaya a su casa, Don Ernesto —dijo Mateo—. El gas volverá a funcionar esta tarde.
—¿De dónde sacó ese dinero, abogado? —susurró el anciano—. Yo no tengo cómo pagarle a usted…
May you like
—Un viejo amigo pagó una deuda atrasada —dijo Mateo—. Una deuda que tenía conmigo desde 1998.
---