Chapter 8 - La puerta de atrás

Sean bajó el teléfono móvil.
El resplandor azul de la pantalla se apago en su mano.
El silencio de la cabaña volvió a ser completo, denso, cargado únicamente con el crepitar amortiguado de la leña en la chimenea y el zumbido lejano del regulador de gas de abajo.
—No puedo dejar esto así —dijo él.
—Puedes —dijo Elena.
Ella se puso de pie, limpiándose las palmas de las manos contra los costados de su vestido beis.
—Vas a subir a tu coche. Vas a conducir de vuelta a la ciudad. Vas a seguir pagando la letra de tu apartamento con terraza. Y el mes que viene, cuando sea tu cumpleaños, te mandaré una tarjeta con la firma de tu madre.
—Ella no sabe firmar ya —dijo Sean.
—Yo sé imitar su letra —contestó Elena sin pestañear—. Llevo tres años haciéndolo en los cheques de la pensión.
Sean miró sus botas de ante amarillo.
Estaban manchadas de ceniza cerca de la puntera. Una mancha gris, fea, que no se quitaría nunca del todo.
Dio un paso hacia la puerta principal de la cabaña.
El pomo de latón estaba frío.
Se giró una última vez.
Elena estaba de pie junto a la trampilla abierta. La luz anaranjada que subía del pozo le iluminaba las piernas, proyectando una sombra enorme y deforme contra la pared de troncos de árbol negros.
—Si vuelves con la policía —dijo ella—, diré que tú los pusiste ahí. La casa está a mi nombre, pero el dinero de la cuenta corriente de tu padre fue a parar a tu empresa hace cuatro años. Tengo los recibos.
Sean abrió la puerta.
El aire helado de la noche de la montaña le dio de lleno en la cara. Olía a nieve reciente, a pino libre, a inmensidad.
May you like
Un aire limpio que le abrasó los pulmones.
---