Chapter 9 - El camino de tierra

El motor del coche de Sean tardó dos intentos en arrancar.
El salpicadero de plástico negro brilló con todas sus luces de advertencia.
Las luces de cruce iluminaron el camino de tierra que bajaba por la ladera, flanqueado por altos pinos negros que se inclinaban bajo el peso de la niebla.
Sean no aceleró.
Dejó el coche al ralentí, con el freno de mano puesto.
A través del parabrisas, la cabaña de madera se veía pequeña, una masa oscura con una sola ventana iluminada de amarillo en el piso superior.
Debajo, en la base del edificio, no había luz. Solo la tierra negra y las raíces de los árboles que se metían bajo los cimientos.
Sacó el teléfono otra vez.
Marcó los tres números.
Tres cifras sencillas que cualquiera se sabe de memoria.
El tono de llamada sonó una vez.
Tiii...
Dos veces.
Tiii...
"Emergencias, diga."
Sean miró la ventana amarilla de la cabaña.
Vio la silueta de Elena pasar tras el cristal. Llevaba una bandeja de metal en las manos. La bandeja de la cena.
—¿Hola? —dijo la voz de la operadora al otro lado de la línea—. ¿Hay alguien ahí?
Sean apretó el teléfono contra su oreja.
El metal frío del aparato le hizo doler la mandíbula.
—Me he perdido —dijo Sean.
—¿Señor? ¿Dónde está?
—En la ruta de la montaña —dijo él. Su voz era plana, sin matices, como la de un actor que recita un papel que ya no le interesa—. Ha comenzado a nevar y no veo la carretera.
—Mantenga la calma, señor. ¿Ve alguna referencia? ¿Alguna casa?
Sean miró la cabaña.
Vio la luz de la ventana extinguirse cuando Elena bajó las persianas de madera.
—No —dijo Sean—. No hay nada. Solo árboles.
Colgó.
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Apagó el teléfono y lo dejó en el asiento del copiloto, sobre un mapa de carreteras doblado que no había usado en años.
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