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Nunca Fue Tuyo / Chapter 4 / 10

Chapter 4 - Ocho de la mañana

El estudio, vacío, suena distinto.

Sin la música, sin las voces de las niñas, sin el golpeteo de los pies contra la madera, el lugar parece más grande y más frío, como una iglesia entre misas.

Marta espera en su oficina, con dos tazas de café que ya se están enfriando.

Es una mujer de unos cincuenta años, manos ásperas de tantos años sosteniendo a bailarinas en el aire, ojos que han visto entrar y salir generaciones de niñas con sueños del tamaño de sus cuerpos pequeños.

—Siéntate —dice, cuando Dani entra.

Dani se sienta.

Pone la hoja sobre la mesa, entre las dos tazas, y la desliza hacia Marta sin decir nada.

Marta la mira.

La lee.

Su expresión no cambia al principio —los años le han enseñado a no mostrar nada de inmediato— pero después de un momento, algo en su mandíbula se tensa.

—¿Dónde encontraste esto?

—En el cajón de la recepción. Estaba limpiando.

—¿Alguien más lo sabe?

—No.

Marta se queda callada un rato largo, dando vueltas a la taza de café entre las manos sin bebérselo.

—Este número tachado —dice al fin, señalando la hoja— es el puntaje original de Mia.

—Lo sé.

—Y este otro, el que quedó, es casi diez puntos menos.

—Lo sé.

—¿Y sabes también de quién es la letra que hizo el cambio?

Dani niega con la cabeza.

Marta suspira, un suspiro largo, cansado, el suspiro de alguien que sospechaba algo hace tiempo y que ahora tiene que enfrentarlo con pruebas en la mano.

—Vivian Voss forma parte del jurado hace cuatro años —dice—. También es la principal patrocinadora del estudio. Sin sus donaciones, esto —hace un gesto amplio con la mano, señalando las paredes, los espejos, todo el edificio— probablemente ya habría cerrado.

—¿Y eso qué tiene que ver con la hoja?

—Tiene que ver con que, si la acuso sin pruebas sólidas, y ella se enoja, yo pierdo el estudio y tú pierdes tu trabajo. Y Mia pierde sus clases.

Dani aprieta los puños sobre las rodillas, debajo de la mesa, donde Marta no puede verlos.

—¿Entonces no vas a hacer nada?

—No dije eso.

Marta se levanta, camina hacia un archivador en la esquina de la oficina, y saca una carpeta gruesa.

—Voy a revisar cada audición de los últimos tres años —dice, mientras la abre sobre la mesa—. Si esto pasó una vez, probablemente no fue la única.

Dani piensa en su propia audición, tres años atrás.

En el nombre que no estaba en la lista.

En la niña con la "donación generosa".

—Revisa el año de hace tres —dice Dani, con la voz un poco más baja de lo que quería.

Marta la mira, algo se enciende en sus ojos, como quien conecta dos puntos que llevaba tiempo sin poder unir.

—¿Tú también?

Dani no responde con palabras.

Solo asiente, una vez, apenas.

Marta cierra los ojos un segundo, como si ese gesto silencioso le doliera físicamente.

—Lo siento —dice—. No lo sabía.

—No importa.

—Sí importa.

El silencio que sigue es distinto al silencio del principio de la reunión.

Es un silencio más pesado, más lleno de cosas que ninguna de las dos sabe cómo decir todavía.

—¿Qué vas a hacer con la hoja? —pregunta Dani finalmente.

—Voy a necesitar más que una hoja. Necesito el sistema completo, las notas originales, algo que muestre el patrón, no solo un caso aislado.

—¿Y cuánto tiempo toma eso?

—Semanas, tal vez.

—Mia no tiene semanas. La compañía empieza los ensayos el mes que viene. Si no la corrigen antes de eso, el lugar de Camila queda fijo y no hay vuelta atrás.

Marta se pasa una mano por la cara, cansada.

—Entiendo la urgencia. Pero si actuamos sin pruebas suficientes, Vivian lo va a negar todo y va a quedar como si estuviéramos inventando algo para desprestigiarla. Y ella tiene abogados. Nosotras tenemos una hoja fotocopiada.

Dani se queda mirando la carpeta gruesa sobre la mesa, llena de papeles que van a tardar semanas en revisarse.

Piensa en Mia, en la cocina, acariciando la zapatilla gastada.

Piensa en su propia audición, perdida hace tres años, sin que nadie jamás pagara por ello.

—Voy a seguir investigando por mi cuenta —dice Dani, poniéndose de pie.

—Dani...

—No voy a hacer nada imprudente. Solo voy a mirar con más atención.

Marta no la detiene.

Tal vez porque sabe que no podría, aunque quisiera.

Esa semana, Dani empieza a quedarse hasta más tarde en el estudio, con la excusa de que necesita más horas de limpieza.

Observa.

Anota.

Ve a Camila Voss llegar cada tarde en un auto distinto al de sus padres, siempre con una mujer distinta manejando, siempre con la misma mirada de quien ya sabe, desde antes de empezar, que va a ganar.

Ve a Vivian Voss entrar a la oficina de Marta dos veces esa semana, con una sonrisa que no le llega a los ojos, con una carpeta bajo el brazo que sale más liviana de lo que entró.

Y una tarde, mientras limpia el salón principal después de que todas se han ido, encuentra algo que no esperaba encontrar.

Un teléfono.

Negro, con la pantalla rota en una esquina, olvidado debajo de una de las bancas.

Lo reconoce enseguida: es el de Camila.

Lo ha visto pegado a su mano todas las tardes, incluso mientras estira, incluso mientras espera su turno frente al espejo.

Dani se queda parada, sosteniendo el teléfono, sabiendo que debería simplemente guardarlo en la oficina para que Camila lo reclame al día siguiente.

Y eso es exactamente lo que planea hacer.

Hasta que la pantalla se enciende sola, con una notificación, y Dani ve, sin querer, sin buscarlo, las primeras palabras de un mensaje de texto de "Mamá":

Ya arreglé lo de la niña Torres, no te preocupes por eso. Tu lugar está seguro.

Dani se queda mirando la pantalla hasta que se apaga sola.

El teléfono pesa, de repente, mucho más de lo que debería pesar un teléfono.

Y esa noche, cuando por fin llega a casa y encuentra a Mia dormida otra vez frente a la televisión, Dani entiende que ya no se trata solo de encontrar pruebas.

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Se trata de decidir qué va a hacer con ellas.

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