signalarc
Nunca Fue Tuyo / Chapter 5 / 10

Chapter 5 - La zapatilla rota

Los días que siguen son días de silencio en la casa pequeña.

Mia dejó de practicar en la sala.

La radio que antes sonaba bajito todas las noches ahora se queda apagada, sobre el mueble, juntando polvo.

Una tarde, la mamá de Mia —que llegó temprano del turno, con los ojos todavía cargados de sueño acumulado— encuentra a su hija sentada en el borde de la cama, con la zapatilla rosa en las manos.

La correa se rompió.

No en un ensayo, no en un salto, sino simplemente al ponérsela esa mañana, como si la zapatilla misma hubiera decidido que ya no valía la pena seguir entera.

Mia no llora.

Solo la mira, gira la correa rota entre los dedos, la deja caer sobre la cama.

—Podemos comprarte otra —dice su mamá, sentándose a su lado.

—No hace falta.

—Mia...

—Ya no voy a usarla.

Su mamá no insiste.

Sabe, por experiencia, que hay silencios que no se llenan con palabras, sino con presencia, y se queda ahí, sentada, con un brazo alrededor de los hombros de su hija, hasta que el sol se pone del todo y el cuarto se vuelve oscuro.

En el pasillo del estudio, alguien despega, sin cuidado, el cartel viejo de "AUDICIONES" y pega uno nuevo:

BIENVENIDA, COMPAÑÍA JUVENIL — PRIMERA SESIÓN, EL VIERNES.

Y debajo, en letras más pequeñas, la lista de nombres.

Uno solo.

Camila Voss.

Dani pasa frente a ese cartel todas las tardes, camino a limpiar los salones, y cada vez siente que algo se le aprieta en el pecho un poco más.

Marta ha avanzado con su revisión, pero lento, con cuidado, porque cada papel que encuentra tiene que verificarlo dos veces antes de anotarlo en cualquier lado.

Ha encontrado dos casos más, además del de Dani y el de Mia.

Dos niñas, en distintos años, cuyos puntajes también fueron alterados, siempre a favor de estudiantes cuyas familias aparecían, casualmente, en la lista de "donantes principales" del estudio.

—Es un patrón —le dice Marta a Dani, una tarde, mostrándole las cuatro carpetas puestas en fila sobre el escritorio—. Pero todavía no es suficiente para una acusación formal. Necesito algo directo. Algo que la conecte a ella, personalmente, con el acto de cambiar el número.

—¿Y las otras dos niñas? ¿Qué pasó con ellas?

—Una dejó de bailar por completo. La otra se cambió de estudio.

Dani piensa en Mia, en la zapatilla con la correa rota, en la radio apagada sobre el mueble.

—Mia no va a dejar de bailar —dice, con una firmeza que sorprende un poco a Marta—. Y no se va a cambiar de estudio.

—Dani, entiendo tu enojo, pero...

—No es enojo.

Marta la mira, esperando que termine la frase.

—Es que ya perdí mi turno de arreglar esto una vez —dice Dani—. No voy a perder el turno de Mia también.

Esa noche, Dani se queda despierta otra vez, con el teléfono de Camila —que finalmente entregó a la oficina al día siguiente de encontrarlo, aunque no sin antes tomar una fotografía discreta de esa notificación, una fotografía que ahora guarda en su propio teléfono como quien guarda una brasa encendida en el bolsillo— dando vueltas en la cabeza.

Ya arreglé lo de la niña Torres, no te preocupes por eso. Tu lugar está seguro.

No es una prueba legal.

No es algo que Marta pueda usar frente a una junta directiva.

Pero es algo.

Es la certeza, escrita con los propios dedos de Vivian Voss, de que el lugar de su hija nunca fue ganado.

Fue arreglado.

Como se arregla un mueble que cojea, poniéndole algo debajo para que no se note la diferencia de altura.

Al día siguiente, viernes, es la primera sesión oficial de la Compañía Juvenil.

Dani tiene turno de limpieza esa tarde, así que estará ahí de todas formas, aunque nadie se lo haya pedido.

Antes de salir de casa, pasa por el cuarto de Mia.

Su prima está sentada en el suelo, con la espalda contra la cama, mirando la zapatilla rota que todavía no ha tirado a la basura.

—¿Vienes conmigo hoy? —pregunta Dani.

—¿Al estudio?

—Sí.

—¿Para qué?

Dani se agacha, hasta quedar a la altura de los ojos de Mia, el mismo gesto de siempre.

—Porque hoy es un buen día para que veas algo.

—¿Qué cosa?

—Que hay lugares que se ganan.

Y que hay lugares que se roban.

Y que, tarde o temprano, la diferencia sale a la luz.

Mia no entiende del todo lo que Dani quiere decir.

Pero hay algo en la voz de su prima —algo firme, algo que no admite discusión— que la hace ponerse de pie, buscar sus zapatos, y tomar la mano que Dani le extiende.

Salen juntas, en silencio, hacia el estudio.

Y aunque ninguna de las dos lo dice en voz alta, ambas saben que algo va a pasar hoy que no va a poder deshacerse.

May you like

El viernes, después de todo, siempre ha sido el día en que las listas cambian.

---

Related Stories

Other posts