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EL MARCO DORADO / Chapter 1 / 10

Chapter 1 - La mochila en el suelo

Leo tiene siete años.

Y una mochila azul marino, con las correas ya desgastadas de tanto uso, colgada de los dos hombros como si fuera parte de su propio cuerpo.

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Acaba de entrar por la puerta principal, todavía con los zapatos del colegio puestos, cuando la mano de Ivonne se cierra alrededor de una de las correas.

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—¿Cuántas veces te he dicho que no dejes tus cosas tiradas por toda la casa?

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—No las dejé tiradas, apenas voy llegando, yo...

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El tirón llega antes de que termine la frase.

Un movimiento seco, brusco, que hace que Leo pierda el equilibrio por un segundo y tenga que dar un paso hacia adelante para no caerse.

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La mochila cambia de dueño en un instante.

Ivonne la sostiene boca abajo, sobre el piso de madera oscura del pasillo, y la sacude con fuerza.

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Los cuadernos caen primero.

Después los lápices, rodando en distintas direcciones, uno de ellos deteniéndose justo contra el zócalo blanco de la pared.

Después una pequeña figura de plástico, un dinosaurio verde con una oreja rota de tanto jugar con él, que rebota una vez contra el piso antes de quedarse quieto.

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—Mira este desastre. ¿Es que nadie te enseñó a cuidar tus cosas?

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Leo se agacha de inmediato, con las manos temblando, tratando de juntar los cuadernos antes de que Ivonne decida hacer algo más.

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—Lo siento, lo siento, ya lo recojo, perdón...

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—No quiero que dejes marcado el piso con esa mochila sucia de la calle. Ya te lo he dicho mil veces.

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—Es la mochila de mi mamá.

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Las palabras salen de la boca de Leo casi sin querer, un susurro tembloroso, mientras junta el dinosaurio de plástico y lo aprieta contra el pecho.

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—Ella me la compró antes de...

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—No me interesa quién te la compró.

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Ivonne se agacha, arranca el dinosaurio de las manos de Leo con un movimiento rápido, y lo lanza hacia el otro extremo del pasillo, donde golpea contra la pared con un ruido seco y cae detrás de una consola de madera.

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—Ya eres muy grande para andar jugando con muñecos rotos.

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Leo se queda con las manos vacías, extendidas hacia el lugar donde estaba el dinosaurio hace un segundo, y algo en su rostro se desmorona — no de golpe, sino despacio, como una construcción de arena cuando la ola finalmente la alcanza.

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—Por favor no tires mis cosas.

Son de mi mamá.

Todo lo que tengo es de mi mamá.

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—Deja de llorar.

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La voz de Ivonne, al decir esas tres palabras, no sube de volumen.

Pero algo en el tono, en la manera en que cada palabra sale cortada, filosa, hace que Leo encoja los hombros, como si pudiera hacerse más pequeño y así, de alguna manera, desaparecer un poco de esa escena.

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Desde el fondo del pasillo, unos pasos rápidos se acercan.

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Sofía, con la mochila del colegio todavía puesta y el cabello suelto cayéndole sobre los hombros del hoodie beige, aparece por la esquina justo a tiempo para ver a su hermano de rodillas en el piso, recogiendo cuadernos con las manos temblando.

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—¿Qué le estás haciendo?

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—No es tu problema, Sofía. Ve a tu cuarto.

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—¡Tiraste sus cosas al piso!

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Sofía cruza el pasillo en pocos pasos y se coloca junto a su hermano, poniéndole una mano sobre el hombro, un gesto pequeño pero firme, el mismo gesto que ha repetido cientos de veces en los últimos meses, desde que Ivonne empezó a vivir con ellos.

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—Déjalo en paz.

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Ivonne se gira hacia ella, y algo en su expresión cambia — ya no es solo molestia por unos cuadernos regados en el piso.

Es otra cosa.

Algo más antiguo, más profundo, que parece despertar cada vez que alguien en esa casa le recuerda que ella no es, y nunca será, la mujer que ocupaba ese lugar antes.

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—¿Me estás retando?

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—Estoy protegiendo a mi hermano.

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El silencio que sigue dura apenas dos segundos.

Pero dos segundos, en ese pasillo, con el sol de la tarde entrando oblicuo por la ventana y marcando líneas doradas sobre el piso de madera, se sienten mucho más largos.

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La mano de Ivonne se levanta.

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Leo, todavía en el suelo, ve el movimiento antes de que termine.

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Quiere gritar algo, quiere detenerlo, pero su cuerpo, congelado por el miedo, no logra moverse a tiempo.

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