Chapter 9 - La casa después de la tormenta

Esa noche, después de que Ivonne terminara de empacar dos maletas grandes y se marchara en un taxi que Andrés pidió sin decir una palabra más de las necesarias, la casa se siente distinta.
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No vacía.
Solo más silenciosa, de una manera que, por primera vez en ocho meses, no se siente como tensión, sino como alivio.
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Andrés, sentado en el suelo del taller junto a Leo, sostiene el pequeño dinosaurio verde mientras aplica con cuidado una gota de pegamento especial en la base de la oreja rota.
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—Tienes que sostenerlo así, sin moverlo, mientras se seca.
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—¿Cuánto tiempo?
—Unos diez minutos. Después va a quedar como nuevo.
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Leo sostiene el juguete con ambas manos, completamente concentrado en la tarea, con la lengua asomando ligeramente entre los labios, la misma expresión de concentración absoluta que ponía Elena cuando cosía algo, según le contó Andrés una vez.
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—Papá, ¿puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras.
—¿Mi mamá sabía que Ivonne era mala desde antes?
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Andrés deja el tubo de pegamento sobre la mesa del taller, pensando bien la respuesta antes de dársela, consciente de que las palabras que use en ese momento van a quedarse con su hijo durante mucho tiempo.
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—Tu mamá era muy inteligente, Leo. Mucho más inteligente de lo que yo mismo fui durante estos últimos meses.
Ella vio algo en Ivonne hace muchos años que yo no logré ver hasta hoy. Y decidió dejarme una advertencia, por si acaso, aunque yo tardé demasiado en encontrarla.
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—¿Crees que ella está enojada contigo? ¿Por no haberlo visto antes?
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La pregunta, tan propia de la lógica simple y directa de un niño de siete años, hace que a Andrés se le apriete algo en el pecho, una mezcla de tristeza y ternura que no sabe muy bien cómo nombrar.
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—No, campeón. Creo que tu mamá sabía que, tarde o temprano, la verdad iba a salir a la luz. Por eso escribió esa carta. Porque confiaba en que, cuando llegara el momento, yo iba a hacer lo correcto.
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—¿Y lo hiciste?
—Eso espero.
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En la sala contigua, Sofía está sentada en el sofá, con la fotografía de su madre y Ivonne apoyada sobre la mesa de centro frente a ella, mirándola con una expresión difícil de leer.
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No está triste exactamente.
Tampoco está enojada.
Es algo más complicado que eso, una mezcla de todas las emociones de la tarde que todavía no ha terminado de acomodarse dentro de ella.
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Toma un marcador de la mesa, uno de los que usa para sus tareas escolares, y con cuidado, en la parte de atrás de la fotografía, donde antes estaba pegada la carta de su madre, escribe algo despacio, con letras cuidadas.
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"Mamá, encontramos tu carta. Papá hizo lo correcto. Te extrañamos todos los días."
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Guarda la fotografía en un cajón de su cuarto esa misma noche, junto a otras cosas pequeñas que guarda de su madre: una pulsera, un pañuelo con perfume ya casi desvanecido, una lista de compras escrita a mano que nunca ha querido tirar.
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