Chapter 9 - La caída del imperio de madera

A las seis de la tarde, la luz del sol caía de lado sobre el salón de la casa de Elena.
Era un espacio amplio, de tonos neutros, con alfombras gruesas y ventanales que daban a un jardín privado silencioso.
Mateo estaba sentado en el centro de la alfombra del salón.
Llevaba un pijama limpio de algodón gris con dibujos de cohetes espaciales.
El polo azul claro y el pantalón kaki estaban en el cubo de la basura del piso inferior, cortados en pedazos por las tijeras de Elena.
A su lado, el camión verde sin una rueda estaba sobre el suelo de madera.
Elena estaba sentada en un sillón cercano, con un ordenador portátil sobre las rodillas.
En la pantalla, las noticias locales mostraban la fachada de la Academia Montessori San Gabriel.
Ráfagas de luz azul y roja de las patrullas policiales iluminaban el letrero de madera de roble.
Un rótulo en la parte inferior de la pantalla decía: Escándalo en la élite educativa: Detenida una profesora y suspendido el director por maltrato continuado.
Elena cerró la tapa del portátil con un movimiento suave.
El silencio volvió al salón.
Mateo movió el camión verde hacia adelante.
El vehículo de plástico se inclinaba hacia la derecha por la falta de la rueda, pero avanzaba.
—Mamá —dijo el niño sin levantar la vista del juguete.
—Dime, mi amor.
—La mesa ya no me mira mal.
Elena se deslizó del sillón y se sentó en la alfombra junto a su hijo.
—La mesa nunca te miró mal, Mateo. Era la gente fea la que estaba allí.
—Oliver me dio el camión —dijo el niño, tocando el plástico verde con el dedo índice—. Dijo que si lo empujas por la izquierda, no se cae.
Elena sonrió.
Fue una sonrisa verdadera, limpia de la furia que había consumido sus ojos durante las últimas seis horas.
—Oliver es un niño muy listo —dijo Elena.
—¿Va a venir a jugar a casa? —preguntó Mateo, mirando por primera vez a su madre con los ojos limpios de pánico.
—Si tú quieres, sí. Hablaré con su madre mañana mismo.
El teléfono de Elena vibró sobre el sillón.
Un mensaje de texto de su abogado principal.
Sterling ha dimitido. La licencia del centro ha sido revocada cautelarmente. La fiscalía pide prisión preventiva para Lucía Méndez sin fianza.
Elena no respondió al mensaje.
Dejó el teléfono boca abajo sobre la alfombra.
Tomó un pequeño coche de carreras de color rojo que estaba en la caja de juguetes de Mateo y lo colocó junto al camión verde.
—¿Hacemos una carrera? —preguntó Elena.
Mateo miró el coche rojo.
Luego miró a su madre.
Una pequeña sonrisa, tímida y frágil como un brote en invierno, apareció en la comisura de sus labios infantiles.
—El mío va torcido —dijo Mateo.
May you like
—Eso lo hace más especial —respondió Elena.
---